domingo, 20 de noviembre de 2016

EL DELITO DE NACER


Es una visita didáctica. El abuelo, que mantiene orgulloso sus mostachos de antiguo coronel de caballería, balancea su bastón de caña mientras conduce al nieto por los amenos paseos del zoológico anticuado donde huele, de vez en cuando, a estiércoles exóticos (de llama, de jirafa, de bisonte). El nieto no ha comprendido bien las confusas explicaciones del coronel retirado en cuanto al sentido, el uso y la disciplina de la institución, pero encuentra lógico que el tigre esté entre rejas: su aspecto somnoliento oculta a buen seguro malas intenciones; igualmente aprueba el encierro de los chimpancés: todos ellos actúan con ademanes y dentaduras delictivas; ¿los leones? su evidente fiereza lo merece; ¿jaguar? también; ¿rinocerontes? sí; ¿camellos, cebras, cacatúas? en la duda, desde luego: nunca se sabe qué puede pasarles por la cabeza. Lo que no ve claro es qué hacen todos estos bichos aquí ¿no sería más lógico que los encerrasen en sus países de origen? Finalmente, el abuelo lleva al niño ante los barrotes que los separan de un pequeño hipopótano, arrinconado allá al fondo, junto a una pared sucia y sombría, al otro lado de un charco verdoso. Entonces, el niño toma la mano del abuelo y el militar retirado lo mira con una especie de acerada bondad. 
- Abuelo...
- ¿Alguna duda?
- Bueno, si: los demás, lo entiendo, pero éste... ¿qué ha hecho éste?     

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