jueves, 7 de julio de 2016

OTRAS FORMAS DE VIDA

Por suerte para ella, aún no retenía recuerdos el día que llegó a la casa de su abuela hace siete años, dada en custodia. Cuando su abuela la ha llevado esta mañana en el coche al Centro de Educación Especial, empezó su convivencia diaria con otras niñas y niños que también tienen la cabeza llena de piezas desencajadas, rotas, transformadas o ausentes de lo que llamamos mundo real. Con las ceras de colores adaptadas, en su mesa de color azul -que es muy lista y huele a menta- se le ha ido el tiempo aplicándose a pintar pájaros y gallinas enormes y gatos. A Fidel no lo pinta nunca, porque no le sale bien.  Al acabar la mañana, su abuela la ha recogido y la ha traído de nuevo a casa y por el camino la niña ha visto pasar hacia atrás, por la ventanilla, las cunetas con hierbas altas, los campos amarillos, las casas y también palomas volando. Después de comer ha dormido la siesta y a media tarde su abuela la ha dejado salir sola a la luz de la huerta porque allí está al cuidado de Fidel.
La niña camina con mucha cautela, mirando dónde pone los pies bajo la atenta vigilancia del perro enorme, que parece distraído oliendo rastros pero tiene una oreja alerta. Ahora lo llama y Fidel interrumpe el husmeo y se le acerca bondadoso y lento. La niña le explica entonces con paciencia y detalle cómo son las plantas y cómo se llaman, señalando los tallos verdes, las hojas y las flores con su dedo pequeño y cauteloso. Ésta se llama menta y tiene las hojas con pelitos así ¿ves? y huele como una mesa pequeña. Ésta es la yerbaluisa, que no huele a nada. Ignora la carcasa de la lavadora vieja, que se oxida entre las ortigas, y la bicicleta tirada entre las corregüelas desde hace por lo menos veinte años y sigue buscando plantas y enseñándoselas a Fidel, porque lo que no está vivo no le importa ni le atrae ni le parece interesante y esta niña vivirá para siempre mucho más cerca de la vida de lo que tú o yo estaremos nunca.

No hay comentarios: