lunes, 8 de febrero de 2016

LA TINTA Y EL TIEMPO


Hao Minh retira su pincel de la superficie rectangular después de haber trazado el último signo, y con tal gesto concluye su poema definitivo. Corre, en el cómputo occidental, el año 1674; en el de su cultura, el 3825. Este breve cúmulo de versos ha culminado meses y meses de meditación minuciosa, paseos, viajes y contemplaciones incesantes de crepúsculos, amaneceres, tormentas y bambúes mecidos por la brisa, azotados por la lluvia, ocultos en las sombras. Este poema es también otra cosa: la puesta en limpio de numerosas hojas de papel pobladas de signos, frases, dibujos, esquemas, notas o ensayos frustrados y parciales de versos, metáforas, ritmos y juegos de palabras. Está cansado, se levanta y camina, a sabiendas de que todo termina. A través de la ventana y por encima de los árboles contempla sin alarma las columnas de humo ya no tan lejanas.
El poema se perderá, como se perderá entre llamas y cenizas el palacio y el reino; no así los infinitos borradores o, al menos, no todos. 
Siglos más tarde, un misionero francés dará con mediia docena de ellos y acometerá el reto estéril de traducirlos. Lo conseguirá por fin, extrañado él mismo del fruto de sus sudores, y también lo publicará (París, 1902). Unos años después, el dadaísta y alienado Tzevan Tzara (primo hermano del otro Tzara), da con el libro revolviendo una mesa a orillas del río ese que atraviesa la capital de ese país. Asombrado por la versión del misionero, no pierde el tiempo y acude con ella a un café donde están reunidos provisionalmente varios dadás relacionados con Bretón (no el de los Herreros, el otro); el patriarca está ahora muy ocupado con una cosa que tiene que escribir para el Partido y unos arreglos para una película y un poema suyo propio que no le acaba de salir (nunca le saldrá, de hecho). Hace Bretón un elogio distraído del texto y le ordena a Tzevan que lo publique como obra dadaísta de autor desconocido o que lo firme él mismo, "como te parezca, qué más da". Tzevan obedece la consigna y poco después aparecen los borradores de Hao en forma de poema inconexo, caótico, vanguardia, dadadá, tatachán, firmado por el alienado y compuesto de frases entrecortadas, dibujos, esquemas, metáforas y algunos versos añadidos por su nuevo autor. Pasmo en los círculos del ramo. Cartas y ejemplares dedicados de la edición cruzan la Europa que está, ella también, al borde de una guerra donde, entre columnas de humo, se extinguirá también todo rastro de civilización. Este poema igualmente se perderá.   


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