domingo, 10 de mayo de 2015

OTRAS VIDAS



Ha vuelto a casa después de veinte años el que se fue como un joven heredero y ahora descabalga convertido en tahúr perseguido. La noticia de la ruina y el oprobio familiar le alcanzó en El Cairo y a partir de entonces sólo le quedó el juego: se ganó la vida con los dados y los naipes. Esta tarde está de vuelta en casa, que por milagro se salvó de los embargos. Cuando se acostumbra al  amargor doméstico del café se decide a entrar en la biblioteca, donde permanecen también los libros que devoró y es la única cosa que ha echado de menos en todos estos años y que antes de marcharse era lo único que conocía. Amontona tomos sobre una de las mesas y se sume en la relectura. Pero enseguida abandona.
Furioso más que decepcionado se pregunta cómo ha podido perder tanto tiempo leyéndolos y piensa que tanta lectura tiene la culpa de todo. Quienes escribieron esto no tenían ni idea de lo que es la vida de verdad, la que él ha conocido hasta las heces: la muerte inútil y el agotamiento y el miedo y el hambre y la atrocidad gratuita y la vileza y el desamor; el amor a veces y su abismo indecible. No ha encontrado una sola página que  se salve y decide vender aquellas toneladas de papel y tinta estériles; algo más sacará así que quemándolas.
Sin embargo, las cosas no son tan sencillas.
Mientras apila las enciclopedias, los mamotretos, las novelas y los libros de poemas algunos caen y, al recogerlos, los halla abiertos por páginas a veces pésimas donde encuentra, sin embrago, frases subrayadas o dobleces u hojas secas y pétalos y helechos y párrafos, adjetivos, versos enteros. Sin percatarse de ello se ha sentado en el suelo rodeado de volúmenes, con la fiebre de cuando los leyó sin haberlos leído antes, y vuelve a sumergirse, esta vez para siempre, en esa selva oscura sin retorno posible, donde habita todo eso en lo que creyó y nunca ha dejado de ser su verdadera vida.

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