sábado, 2 de mayo de 2015

HIERBAS ENTRE LA CHATARRA


El magnetismo de las ruinas es un socorridísimo tópico del que todos nos servimos a menudo. No lejos de casa hay una carcasa de coche que se oxida entre la hierba,  abandonada y tomada de orín en medio de un campo. Si tuviera conocimientos sobre la materia podría describirla mejor, al menos en cuanto a la marca y esas cosas, pero tendrá usted que conformarse con saber que se trata de un modelo antiguo; tal vez ya era antiguo cuando lo dejaron allí por la razón que sea. Acudo al paraje en busca de inspiración, porque yo soy de los que busca inspiración y, previsiblemente, no encuentro sino morralla: lugares comunes que a cualquiera se le ocurren y cualquiera puede convertir en materia literaria, fácilmente olvidable pero entretenida: vivo de eso. Sin embargo, una tarde de marzo del año pasado me acerqué por primera vez al despojo (antes me limitaba a contemplarlo a distancia, como parte del paisaje) y asomé la cabeza a su interior. Entre la invasión de plantas trepadoras vi un colchón extendido, botellas vacías y colillas desparramadas por todas partes. Ni en ese momento ni mucho después (hasta esta mañana) intui una historia en todo aquello, porque di en la guantera de aquel amasijo con algo que me ha mantenido ocupado desde entonces. Hoy es el día en que pongo punto final a una novela que mi editor me lleva reclamando desde hace meses: se trata de un manuscrito encontrado, literalmente encontrado por mi en aquella guantera, protegido por una carpeta de cartón que había resistido la intemperie de tal vez veinte o veinticinco años. Tuve que adaptar el manuscrito, deformarlo, dulcificarlo, corregir la ortografía, modernizar la sintaxis y demás mandangas. Funcionará en el mercado, desde luego.
Esta mañana, repito, me he dado cuenta: en el interior de aquella ruina había una historia irresistiblemente buena y he recordado una frase que construi hace tiempo (cuando creía saber escribir) y aun publiqué, aunque nunca con la sospecha de que pudiese aplicármela a mí mismo: "un escritor mediocre no puede llegar a ser bueno, uno malo sí". Hasta hoy me he resignado a ser mediocre, ahora mi única esperanza es ser malo. 
  

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