sábado, 8 de noviembre de 2014

BLANCO Y EN BOTELLA


Cuando me di cuenta de mi incapacidad para escribir decentemente decidí vivir de lo que escribía. Al principio me fue difícil llegar a fin de mes pero ahora, con práctica en el oficio, una extensa red de contactos y cartera de clientes no me falta trabajo. En todo este tiempo he escrito veinticinco novelas, siete obras de teatro, ocho poemarios, no sé cuantos ensayos y catorce biografías; ah, también escribo columnas semanales para cinco publicacines de gran tirada nacional. Tres de mis novelas son hoy premios nacionales y he ganado otros cuatro de poesía y dos más de ensayo. No todo lo que he escrito se ha publicado bajo sellos de prestigio, bien es cierto, pero -aunque nunca cifras respetables- cobro siempre a tocateja a la entrega de la obra (y, miel sobre hojuelas, nada de impuestos: cobro en bé). Aunque algunas de mis obras son superventas, el pirateo de internet no afecta a mis ingresos. 
Mi condición de escritor inepto no me produce amargura, pues tengo una bien provista biblioteca y practico el civilizado acto de leer a quienes sí saben escribir. Superé a tiempo mis pueriles sueños de gloria literaria y el disfrute de semejante veleidad (así como el íntimo bochorno) se lo cedo gustoso a quienes me mantienen y todo el mundo conoce como autores.