domingo, 8 de diciembre de 2013

ESPERA SILENCIOSA



El lamentable caso del conde Drácula, que comentamos hace unos días, tuvo precedentes (según algunos de nuestros corresponsales) no hace mucho tiempo. La fiabilidad de las informaciones que hemos recogido oscila entre lo nulo y lo aceptable; sin embargo, y acopiando datos que nada nos cuesta tomar como ciertos, pasamos a detallar los presuntos hechos.
En un modesto museo de Belfast, una visitante advirtió con asombro el pasado verano que en la joya de la institución (Viuda con gato, de O'Reily) faltaba el gato. Inmediatamente avisó de la estupefaciente desaparición a la directora, quien desde luego pensó en una falsificación, una falsificación a la vez inconcebiblemente torpe e impecablemente fiel al original porque, salvo el gato ausente, en nada se diferenciaba (ni siquiera con lupa) del lienzo de O'Reily, que ilustraba los folletos del museo y había sido objeto de las fotografías técnicas que se le habían hecho por parte de la compañía aseguradora. Como a todos los misterios, la autoridad competente le dio carpetazo.
Ahí hubiera quedado la cosa de no ser porque en el Louvre apareció, unos días después, en un lienzo de Antonio Bazzi, Il Sodoma, un gato que no estaba antes. Revuelo en la siempre volatinera prensa francesa y estupefacción en los círculos críticos. De inmediato apareció el multinacional equipo de peritos, que se encontró con que el gato ya no estaba, aunque en su lugar había dejado una reluciente deyección, muy conseguida técnicamente.
El gato siguió apareciendo y despareciendo en diversas telas a lo largo y ancho del Orbe, y el caso es que en todas las ocasiones se adaptaba perfectamente al resto de la pintura. De este modo, los museos del mundo se vieron recorridos por un gato sucesivamente romántico, barroco, holandés, gótico, abstracto, expresionista y naïf.
La penúltima comparecencia museística de la que se tiene noticia tuvo lugar antes de ayer en un retrato de Lincoln ( San Petersburgo, colección privada). Finalmente nos dicen que ha regresado al retrato de O'Reilly, pero no en su pose original, sino que se le ve hecho un ovillo junto a la viuda, la cual lo observa con un mohín de orgulloso y tierno reproche.

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