sábado, 5 de octubre de 2013

ELEMENTAL

Sherlock Holmes fue un hijo no deseado por su autor. Al año de crearlo, y aunque se vendía bastante bien, Conan Doyle escribió a su madre diciéndole que había decidido matarlo porque le estaba ocupando demasiado tiempo, que necesitaba para cosas más importantes; la buena señora se lo desaconsejó con el certero argumento de que la gente se lo iba a tomar muy mal. Por el momento hizo caso a su madre, seguramente porque Sherlock le estaba dando ingresos, pero unos diez años después, cuando el detective ya tenía una muchedumbre de seguidores en Londres, el desnaturalizado padre decidió acabar con él definitivamente, y así lo hizo en El problema final. Poco después, su casa se vio desbordada por las cartas de lectores que en algunos casos hacían votos por la resurrección de su héroe, en otros rogaban su vuelta al servicio activo y en algunos llegaban al insulto e incluso a la amenaza; se dice que incluso los hubo que llevaban por la calle una escarapela negra en el sombrero, en señal de luto. Al principio, Sir Arthur (que todavía no era Sir) no cedió y sólo se plegó a escribir una nueva entrega (El perro de los Baskerville) fechándola antes de El problema final, pero acabó dando su brazo a torcer y lo resucitó en La casa vacía, afortunadamente para su posteridad, porque Sherlock Holmes es lo único que ha quedado de él, aunque escribió muchas más cosas (algunas verdaderamente buenas) e inventó muchos otros personajes, que se quedaron por el camino. 
Tal vez (sólo tal vez) Holmes hubiera acabado igual que los otros hijos de Sir Arthur de no haber sido por el cine, y vamos a su poner que eso fue lo que ocurrió: no se hicieron películas sobre sus aventuras y Sherlock ocupó una tumba en el inmenso cementerio de personajes de misterio y terror victoriano; en ese caso la novela de detectives no sería la misma, la novela negra tampoco y lo mismo le ocurriría al mundo. Y ahora pensemos en cuántos personajes han quedado olvidados de esta manera, y pensemos también en qué habría pasado si un guionista hubiese leído por casualidad una novelita y hubiese hecho un guión y todo lo demás y ahora el protagonista de la novelita fuese eso que se llama un icono de nuestra amada civilización occidental.
- Habría ocurrido que el mundo sería distinto.
- ¿Distinto de éste, querido Watson?
- Este no existiría, Holmes.

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