lunes, 23 de diciembre de 2013

Y AL OTRO TAMBIÉN



Aunque no siempre accesible a cualquier lector, la voz propia que podemos apreciar en estos versos estirados como ventiscas negras afiladas necias nos permite vislumbrar, siquiera por un momento, la riqueza del mundo interior del poeta en bicicleta ARRE, BORRIQUITO; sólo el poema que inaugura este volumen, "Temerroto 423", ya es en sí mismo el laberinto en el que todos vagamos extraviados arriba, abajo, un, dos, un, dos. Por el humo se sabe, qué duda cabe, dónde está el fuego, aunque afirmar que del humo del cariño nacen los celos me parece cuando menos un verso acertado; también cursi, memo, pomposo, palabrero pero preciso, irónico a la vez que tiernamente VAMOS A BELÉN. Un caballo llega al médico y le dice no te vayas de "Mollogón", su segundo poema, es sencillamente brutal, el metro es brutal, los vagones un horror ¿el de Londres? calla, que el de Londres es peor que este tercer poema sublime, donde la forma carece de importancia, al igual que el contenido, y sólo el papel vale algo. A ver, ¿aquí qiuén paga?, QUE MAÑANA ES FIESTA.
La presentación del poemario Interferencias no ha sido todo un éxito, pero la sala no está completamente vacía. El presentador del volumen sigue hablando solo ya que hasta el autor se ha marchado, ofendido. El conserje, sin embargo, ha tomado asiento y escucha, sin perder una sílaba, lo que el viejo poeta dice. De todos los concurrentes a la presentación, el conserje y el viejo poeta son los únicos que no escriben ya.  

domingo, 8 de diciembre de 2013

ESPERA SILENCIOSA



El lamentable caso del conde Drácula, que comentamos hace unos días, tuvo precedentes (según algunos de nuestros corresponsales) no hace mucho tiempo. La fiabilidad de las informaciones que hemos recogido oscila entre lo nulo y lo aceptable; sin embargo, y acopiando datos que nada nos cuesta tomar como ciertos, pasamos a detallar los presuntos hechos.
En un modesto museo de Belfast, una visitante advirtió con asombro el pasado verano que en la joya de la institución (Viuda con gato, de O'Reily) faltaba el gato. Inmediatamente avisó de la estupefaciente desaparición a la directora, quien desde luego pensó en una falsificación, una falsificación a la vez inconcebiblemente torpe e impecablemente fiel al original porque, salvo el gato ausente, en nada se diferenciaba (ni siquiera con lupa) del lienzo de O'Reily, que ilustraba los folletos del museo y había sido objeto de las fotografías técnicas que se le habían hecho por parte de la compañía aseguradora. Como a todos los misterios, la autoridad competente le dio carpetazo.
Ahí hubiera quedado la cosa de no ser porque en el Louvre apareció, unos días después, en un lienzo de Antonio Bazzi, Il Sodoma, un gato que no estaba antes. Revuelo en la siempre volatinera prensa francesa y estupefacción en los círculos críticos. De inmediato apareció el multinacional equipo de peritos, que se encontró con que el gato ya no estaba, aunque en su lugar había dejado una reluciente deyección, muy conseguida técnicamente.
El gato siguió apareciendo y despareciendo en diversas telas a lo largo y ancho del Orbe, y el caso es que en todas las ocasiones se adaptaba perfectamente al resto de la pintura. De este modo, los museos del mundo se vieron recorridos por un gato sucesivamente romántico, barroco, holandés, gótico, abstracto, expresionista y naïf.
La penúltima comparecencia museística de la que se tiene noticia tuvo lugar antes de ayer en un retrato de Lincoln ( San Petersburgo, colección privada). Finalmente nos dicen que ha regresado al retrato de O'Reilly, pero no en su pose original, sino que se le ve hecho un ovillo junto a la viuda, la cual lo observa con un mohín de orgulloso y tierno reproche.

viernes, 29 de noviembre de 2013

COMO EN CASA EN NINGÚN SITIO



Al conde Drácula le venía muy estrecha la novela de Bram Stoker: había nacido y vivido (y muerto) en los lejanos Cárpatos y la sangre británica (tan similar a la horchata, según le pareció) no era de su gusto. Pronto se independizó del autor, emprendiendo un azaroso viaje por toda Europa y también América. Durante décadas se le vio protagonizando otras historias con otros aspectos o, a veces (cuando la temporada se le daba mal), apareciendo en forma de personaje secundario de narraciones no siempre de terror; cierta vez protagonizó un cuento infantil, en Suiza.
Según los lugares donde recalase, su renacimiento resultaba más o menos airoso. En Francia, por donde empezó, siempre encarnaba héroes solitarios, incomprendidos, que rechazaban la sociedad burguesa y se refugiaban en la absenta, deambulando por las noches parisinas y terminándolas en brazos de mujeres igualmente inverosímiles. En Alemania era siempre un funcionario calvo. La cosa mejoró un poco en Italia, pero no mucho, porque a menudo regentaba negocios ruinosos que le tenían siempre entrampado; era, además, padre de una prole multitudinaria y tenía una esposa que no lo tomaba nunca en serio; muchas veces se arrepintió allí de haber abandonado Londres. Se marchó finalmente a Nueva York (por otra parte, como buen italiano), donde era siempre el vagabundo que iba tirando con trabajos miserables y apenas unos centavos sueltos en los bolsillos.
Decidido a comerse su orgullo y regresar a su propia novela, de la que nunca debió salir, tomó un barco y se volvió. Pero antes de renunciar definitivamente a su vida errante, quiso probar suerte en un último país, el país romántico por antonomasia donde las gentes, las costumbres, los caminos, las mismas noches son tan diferentes e imprevisibles; un lugar más parecido a los salvajes Cárpatos que al civilizado, previsible, anglicano y pacato Londres; en fin, que se vino aquí. Y se fue a meter en Luces de bohemia.

   

domingo, 17 de noviembre de 2013

CEBOLLAS EN VINAGRE



No es de extrañar que Caridad Trevejo Sampedro intentara (sin éxito) quitarse la vida tras grabar para Cefalea Editores las mil seiscientas veinticinco páginas de Un camino junto al Danubio de Ismalia Kadari.
Un pariente y enemigo solapado mío me regaló la obra en su versión audiolibro y escuché resignadamente las resignadas inflexiones de Caridad Trevejo sin conocer aún su nombre; su voz me hizo mucho más tolerables los interminables paseos de la protagonista junto al río, sola o en la sucesiva compañía de distintos ferroviarios, una monja, un entomólogo, un cartero enamorado y un desertor. Para mi fortuna, la bien timbrada voz de Caridad Trevejo me hacía perder a menudo el hilo de la narración: yo trataba de adivinar cómo sería el rostro de la lectora, cuál su edad o en qué postura estaría leyendo que el camino entre abedules se pierde en la niebla del atardecer melancólico de octubre cuando de repente el fogonero zas.
Cierto día, la abnegada lectora salió en el telediario. Aparecía en pantalla con su nombre y su apellido en la parte baja de la imagen. En la entrevista llevaba aún las muñecas vendadas, pero las manejaba ya con soltura y hasta alegremente mientras contaba su historia; verla en la televisión me hizo atar cabos y consultar la carátula del audiolibro para comprobar el nombre: efectivamente, era ella.
Supe después, al visitar determinado puesto de encurtidos, que Caridad Trevejo se había metido en la oxidada bañera de su cuchitril, semillena de agua apenas tibia (el calentador no daba para más) y había procedido a lo mismo que Séneca (lo digo así en atención a no herir sensibilidades). Sin embargo, en su última lucidez, recordó que la protagoniasta, al final, después de que la monja por fin zas, había conocido el verdadero amor en la persona de un cabo desertor del ejército serbocroata que sí, también zas, pero al menos con honestidad. Tan honesto fue que acabaron poniendo juntos un establecimiento de encurtidos y ahí terminó el libro. Al caer en esto, Caridad Trevejo salió tambaleando de la bañera y consiguió llamar al ciento doce. Pero el motivo de su tentativa suicida no fue exactamente esta lectura, sino una llamada telefónica que había recibido esa mañana.
En efecto, de Cefalea la llamaron para felicitarla por su trabajo y para proponerle que grabase los dos tomos que faltaban de la trilogía.
Ahora vive tan ricamente: lee microcuentos y lleva un puesto de encurtidos.

sábado, 9 de noviembre de 2013

NADA ESTÁ ESCRITO


En las insufribles memorias de León Bley encontramos, sin embargo, una semblanza del laureado y consagrado poeta y miembro de la Academia Francesa Eustace Requin. El interés de las noticias que da Bley sobre Requin no se basa en la vida de éste último, sino en una fotografía hallada treinta años más tarde (en 1912): al sacar a la calle los muebles de una taberna que iba a convertirse en carnicería de caballo, entre cuentas y periódicos viejos apareció la única instantánea conocida hasta hoy del autor de Les nuits sans espoirs . Sólo conocemos su pseudónimo: Eneas Corvino, y en esa fotografía es idéntico en sus rasgos y su expresión a Requin. El descubridor de la fotografía (en realidad la compró) y del  parecido entre ambos (un librero de viejo muy tronado) se apresuró a dar la noticia y presentar su teoría: Requin y Corvino eran la misma persona. A quienes objetaban que Requin había sido un académico respetable, aunque pésimo poeta, mientras que Corvino fue un poeta maldito y reconocido noctámbulo les respondía que se trataba de un caso evidente de doble personalidad: como Jeckill y Hyde, de día era un académico aburrido y de noche un bohemio brillante; más aun: podría tratarse de heteronimia: firmaba ripios consagrados como Requin y poesía brillante como Corvino; ¿acaso no era posible? Imposible no era. Los que acudieron a intentonas forenses se vieron en un callejón sin salida pues, aunque Requin fue enterrado con honores de Estado bajo una lápida de mármol con su efigie, Corvino acabó, como se sabe, en una fosa común.
El misterio, naturalmente, tenía una explicación desalentadoramente simple: eran gemelos. Se supo a raíz de otro descubrimiento (éste en la biblioteca de la Academia Francesa): allí encontró un ratón de biblioteca la correspondencia entre Bley y Requín, que eran amigos. En una de las cartas, el pobre Bley llama a Corvino "ese infame poetastro que tiene la innoble insolencia de parecérsete"; en su respuesta, el consagrado cuenta a Bley que Corvino y él eran gemelos, hijos de un diplomático francés, que nacieron en Montevideo y vinieron a París en busca de la gloria literaria a la que su padre tuvo que renunciar en su juventud; sentencia Requin: "mi hermano la conseguirá, nosotros dos no, amigo mío". Bley le preguntaba a su amigo, en la carta siguiente, cómo llegaron a tener destinos tan dispares su hermano y él; Requin le contesta: "no fue el destino: lo echamos a suertes."

lunes, 4 de noviembre de 2013

TÚ MISMO



- ¡A un leurito! ¡Te yeva' tré' y un libro de regalo! ¡Curtura y comodidá!
El bibliófilo antañón no puede creerlo: la única traducción al francés de las Elegías amarillas, de Cavafis, gratis por la compra de tres bragas.
- ¿No se pueden comprar los libros por separado, señora? Se los compro todos.
- No señó': lo' libro', con la' braga'.
No es que el bibloófilo antañón no se de cuenta de que puede obtener un ejemplar de las Elegías por tres euros, es que sus también antañones principios le impiden dar este paso. Pero, por otra parte, los ejemplares se agotan: las clientas se los llevan con sus respectivos tríos de coloristas prendas íntimas. La señora del puesto tuvo la idea de las bragas y los libros después de varios fracasos sucesivos: primero fue "CON LA COMPRA DE TRES CALZONCILLOS REGALAMOS UN LIBRO", no se vendieron tres calzoncillos; luego, "CON LA COMPRA DE DOS CALZONCILLOS REGALAMOS DOS LIBROS", tampoco se regalaron dos libros; por fin, "CON CADA CALZONCILLO DOS LIBROS", ni por ésas. Sin embargo, hoy están a punto de agotarse las dos pilas al ritmo de las bragas, para desesperación del naftalínico bibliófilo, que al fin toma una decisión heroica:
- Déme usted tres bragas; es que son para mi señora...
"¿Es que?". ¿Cómo que "es que"? excusatio non petita, acusatio manifesta, piensa para sí la dueña del puesto, quien ve a las claras que el desastrado bibliófilo es soltero recalcitrante. Frente a la taimada sonrisa de la vendedora, el tímido hombrecillo se cohibe. La mujer finge tranquilizarlo, guasona.
- A mí no me tiene urté' que da' e'plicasión ninguna, cabayero. ¿Cuále' quiere?
Las clientas miran para el hombrecillo que confusa, difusa profusamente elige.
- Ésta, ésta y ésta.
- ¿É'ta?
- No, no, ésa no, ¡Ésta, ésta!
Mientras lo deja eligiendo, la vendedora continúa con su pregón.
- ¡A vé'! ¡Por tré' leurito'! ¡Comodidá' y curtura! ¡Animarse como'r cabayero!

viernes, 1 de noviembre de 2013

DESCUBRIMIENTO


EL JUBILADO que no tuvo adolescencia acaba de terminar La isla del tesoro. Es la primera vez que la lee y le ha fascinado; si no lo hizo antes no fue por falta de tiempo, aunque empezó a trabajar a los catorce años en la pensión de su madre, y después en toda clase de oficios, como un burro. Siempre ha leído mucho en libros prestados o en bibliotecas municipales, pero sólo cosas serias: empezó por enciclopedias de animales, pintura o grandes descubrimientos de la Humanidad (todas se las papó de cabo a rabo) siguió luego con la filosofía (a Nietzsche lo leyó mucho) y se interesó más tarde por la divulgación científica o histórica (siempre le gustó la Historia); y también ha sido siempre gran lector de periódicos. Ahora ya no lee cosas así porque ha encontrado, por fin, lo que buscaba: un lugar donde se habla del mundo real.

viernes, 18 de octubre de 2013

LA PAZ DE LA HIGUERA


El hombre de la barba ya entrecana contempla el mediodía luminoso e inspira el aire tonificante de noviembre; se encuentra frente a una ventana abierta. La deja y decide dirigirse a su sillón de lectura, junto a otra ventana, en la habitación del fondo. De camino por el pasillo quieto, y sin mirarlos, pasa la mano por los lomos de los libros alineados en un largo estante; sus dedos se cierran al azar sobre uno de ellos y mientras llega al sillón, por el tacto, el grosor y el peso intenta adivinar cuál es. Se trata de un juego pueril: los libros no son tantos y sólo puede titularse Verdadera relación de la desastrosa entrada que hizo don Diego Reygoso en busca de El Dorado, compuesta por Tomás García de Paredes. Se acomoda espalda y posaderas en el frailuno sillón, abre el libro por una página al azar y comienza la lectura: " Vino aquel año de cuarenta y cinco don Diego Reygoso, sobrino del Virrey; mozo de pocos años, mala crianza y experiencia ninguna que, luego de llegar, quiso hacer entrada en tierra de indios bravos". Mientras lee, el cielo empieza a nublarse y la luz de la mañana a perder fuerza, pero el hombre de la barba cana no se apercibe de ello ni de otra cosa ninguna; continúa su lectura durante un buen rato: "... sin aconsejarse de nadie, don Diego entró en el monte con gente poca, bisoña y tan escasa de armas como lo estaba él de sal en la mollera". Las nubes se han apretado y vuelto más que turbias; las primeras pocas gotas se estrellan contra los cristales de la ventana mientras don Diego se adentra en la espesura y las primeras refriegas, deserciones y motines se verifican: " a la vista estaba que había que dar vuelta y a priesa, y poner atención a lo que se hacía en adelante, pues estábamos todos a gran peligro". Las gotas sueltas se han convertido en feroz chubasco que azota la ventana; ahora sí que el hombre canoso se da cuenta de ello, interrumpe su lectura y observa soñador el camino, el cielo, los tejados y la gente que corre bajo el aguacero. Vuelve tras una pausa a la verdadera relación: "la mucha agua que caía de los cielos hizo crecer los ríos de tan mala manera que las pocas mulas que quedaban se nos ahogaron". La llave de la puerta gira presurosa; al principio el hombre no se apercibe de lo inminente y sigue con la lectura: "pocos escapamos al río y a los indios, y empapados salimos por fin a tierra dando gracias al Cielo de seguir vivos, habiendo alguno tan poco cristiano que también las dio de que don Diego no apareciese por parte ninguna".
- ¡Pepe!
El hombre de la barba cana, que hasta hace un momento se soñaba embarrado superviviente de un naufragio fluvial, cae ahora en la cuenta del peligro en que se encuentra. Frente a él, en la puerta de la habitación, está su mujer empapada, hermosa y furibunda; el marido culpable traga saliva y trata de adelantar una inútil explicación. Ella toma aire y le hace la pregunta.
-¿Has recogido la ropa?  

miércoles, 16 de octubre de 2013

LECTOR SIN FÁBULA



Abrimos hoy nuestra galería de lectores ilustres, célebres, famosos, conocidos, anónimos y de dudosa identidad con alguien a quien ya aludimos hace dos entradas: el "aspirante a intelectual", el cual en su día hubo de ausentarse de Madrid por razones que no hacen al caso. Lo conocí mucho después, cuando éste pertenecía a la plantilla del ayuntamiento de Beltraneja (provincia de Badajoz) con el empleo de basurero. Dijo llamarse Venancio Palomeque (nombre y apellido que me parecieron los auténticos, pues de ser falsos pudo haberlos escogido mejor) y vivía en una casilla con huerto a la salida de la localidad, cerca de la Puerta Romana, según se va a la estación de tren. El motivo de mi visita fue accidental y, por suerte para mí, tampoco hace al caso. Venancio era soltero y estaba próximo a la jubilación, tenía manos hechas al trabajo y gastaba gafas de cristales de culo de vaso. Mientras tomábamos vino y queso a la espera de lo que no hace al caso, advertí en la pared del fondo un par de estantes de tabla cargados con unos cuarenta libros. Venancio advirtió mi vistazo y me lo comentó masticando.
- Tenía más, pero los dejé al venirme.
- ¿Y cómo así?
- Ya ve usted, la vida.
- ¿Eran muchos, si no es mal preguntado?
- Según se mire.
- ¿Y éstos los ha ido comprando usted luego?
- No, yo no compro libros. Éstos me los encontré en el basurero dentro de una caja de cartón. Alguno que hizo mudanza y los tiró.
- ¿Puedo echarles un vistazo?
- No faltaba más.
Por este orden: Conan Doyle (tres títulos), Dos Passos (dos), Swift, Sciacia, Stephen King (cinco), Blasco Ibáñez (seis), Valle Inclán (Obras completas), Borges (tres), Agatha Christie (Selección), Thomas Mann, Ray Bradbury, Lovecraft, Curzio Malaparte, Galdós (tres)... Venancio interrumpió mi examen.
- Atrás hay más, si quiere verlos.
Efectivamente, en el pasillo que daba al huerto había pilas y pilas de volúmenes siempre maltratados.
- Me los voy encontrando en el basurero. No valen un pimiento, pero entretienen cuando haces de cuerpo.
Me sentí algo decepcionado, pues se supone que el dueño de una biblioteca venera sus libros y siente, además, respeto por los libros en general; sin embargo, al despedirme cambié el juicio pueril que me había hecho sobre él: le formulé con cierta malevolencia esa pregunta que todos los tontos hacen a alguien que les presenta su biblioteca.
- ¿Se los ha leído usted todos?
- Sí.
- ¿Y los del pasillo?
- Ésos sólo una vez.

sábado, 5 de octubre de 2013

ELEMENTAL

Sherlock Holmes fue un hijo no deseado por su autor. Al año de crearlo, y aunque se vendía bastante bien, Conan Doyle escribió a su madre diciéndole que había decidido matarlo porque le estaba ocupando demasiado tiempo, que necesitaba para cosas más importantes; la buena señora se lo desaconsejó con el certero argumento de que la gente se lo iba a tomar muy mal. Por el momento hizo caso a su madre, seguramente porque Sherlock le estaba dando ingresos, pero unos diez años después, cuando el detective ya tenía una muchedumbre de seguidores en Londres, el desnaturalizado padre decidió acabar con él definitivamente, y así lo hizo en El problema final. Poco después, su casa se vio desbordada por las cartas de lectores que en algunos casos hacían votos por la resurrección de su héroe, en otros rogaban su vuelta al servicio activo y en algunos llegaban al insulto e incluso a la amenaza; se dice que incluso los hubo que llevaban por la calle una escarapela negra en el sombrero, en señal de luto. Al principio, Sir Arthur (que todavía no era Sir) no cedió y sólo se plegó a escribir una nueva entrega (El perro de los Baskerville) fechándola antes de El problema final, pero acabó dando su brazo a torcer y lo resucitó en La casa vacía, afortunadamente para su posteridad, porque Sherlock Holmes es lo único que ha quedado de él, aunque escribió muchas más cosas (algunas verdaderamente buenas) e inventó muchos otros personajes, que se quedaron por el camino. 
Tal vez (sólo tal vez) Holmes hubiera acabado igual que los otros hijos de Sir Arthur de no haber sido por el cine, y vamos a su poner que eso fue lo que ocurrió: no se hicieron películas sobre sus aventuras y Sherlock ocupó una tumba en el inmenso cementerio de personajes de misterio y terror victoriano; en ese caso la novela de detectives no sería la misma, la novela negra tampoco y lo mismo le ocurriría al mundo. Y ahora pensemos en cuántos personajes han quedado olvidados de esta manera, y pensemos también en qué habría pasado si un guionista hubiese leído por casualidad una novelita y hubiese hecho un guión y todo lo demás y ahora el protagonista de la novelita fuese eso que se llama un icono de nuestra amada civilización occidental.
- Habría ocurrido que el mundo sería distinto.
- ¿Distinto de éste, querido Watson?
- Este no existiría, Holmes.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Importancia de ser del mismo Bilbao















El joven aspirante a intelectual lee en un prólogo de don Miguel que tiene la costumbre de llevar al día unos papeles "de legenda et adquirenda", donde apunta bien apuntados los libros que tiene que comprar y leer. El joven aspirante a intelectual decide imitarlo y también se pone a elaborar su propia lista de imprescindibles pero, a diferencia de don Miguel, no es del mismo Bilbao y la lista se queda en la mesa y pronto se ve sepultada por otras listas que también se quedan allí muertas de risa sepultadas a su vez por etcétera. El joven aspirante a intelectual, a diferencia de don Miguel, carece de sentido del humor (si algo ha sobrevivido de él es su soterrado, ladino, feroz sentido del humor) y no se da cuenta de que esta historia de los papeles "de legenda" es otra broma de las que le gustaba gastar: no se trata de que no tuviese esos papeles, ni de que no los llevase al día, ni de que incumpliese, se trata de que mencionarlos en ese prólogo perdido fue una de sus humoradas: lo hizo para que este aspirante picase como un pardillo, porque no se puede cumplir con una lista de lectura si no se es del mismo Bilbao.

domingo, 15 de septiembre de 2013

GRAMÁTICA PARDA

 Lo que sigue no es un homenaje a don Francisco, que maldita la falta que le hacen los homenajes, sino al grupo de filólogos cuyo lema, que hago mío, es "los filólogos somos necesarios, que parece que no pero sí".













Quien quiera ser filólogo en un día
la jeri (aprenderá) gonza siguiente:
idiolecto, zeúgma, antecedente, 
catáfora, monema, antología,
palimpsesto, función, tautología,
recensión, Chomsky, elipsisis, referente,
juanramoniano, sema, copresente,
picaresca, versión, bibliografía,
sinécdoque, ecolalia, funcional,
pragmática, octosílabo, incoativo,
silva, jarcha, discurso, oracional.
Use mucho de ecdótica y funtivo,
 su poco de sexteto y coloquial,
 anden listos agente y transitivo.
Que ya toda Castilla,
 con sola esta cartilla
 se llena de gramáticos felones
 que perpetrando van deconstrucciones
 y en La Mancha quijotes y gañanes,
 atestadas las testas de Derridas,
 aliñan sus paridas como migas..

viernes, 23 de agosto de 2013

MUESTRA DE URBANIDAD

Supongamos que la literatura es una ciudad. Tiene que ser una gran ciudad, porque si no estaríamos hablando de literatura nacional, gran literatura, pequeña literatura, literatura de este género o aquél o cosas por el estilo, que nada tienen que ver con la literatura. Una gran ciudad, entonces.
Toda gran ciudad tiene algo así como satélites, que no son del todo independientes pero tampoco forman parte del casco urbano: las rectilíneas urbanizaciones; tiene también polvorientas chabolas hacinadas, descampados y solares con sus escombreras, yerbajos, cagadas y pedregullo; tiene sonámbulos barrios obreros donde sólo los niños pueden reír con ganas; tiene aún barrios populares que se defienden como pueden, donde las noches resuenan con los ladridos de los perros sueltos y las trifulcas de la fauna nocherniega; tiene también la gran ciudad, en su otra punta, barrios elegantes de vecinos propietarios y aferrados, medrosos, envejecidos, que por miedo a quién sabe qué asechanzas apenas salen a la calle, porque la compra ya se la hacen las mucamas; tiene amplias avenidas, edificios de oficinas, centros comerciales de todos los pelajes, estatuas (ecuestres o no), monumentos históricos y museos y fundaciones y colegios de abogados, de médicos, ingenieros, farmacéuticos, veterinarios; tiene igualmente palacios linajudos ahora ocupados por subsecretarías, tiene solemne catedral e histórica, pomposa plaza mayor y muchas otras plazas, plazuelas, rincones amenos y otros con olor a meados rancios; tiene junto a su relamido centro histórico algún barrio viejo que se viene abajo de municipal incuria, sólo habitado ya por los últimos yonkis de la Vieja Guardia, por okupas numantinos, coloristas alternatas y vecinas heroicas con gato; alberga este barrio los también últimos bares de chulos. Tiene la gran ciudad, en fin, transeúntes solapados, comisarías al acecho, parejas ajenas al mundo, gorriones enajenados y palomas y parques y jardines con sus  jubilados; tiene recuas de turistas y bordillos y papeleras y escaparates y autobuses y mendigos y bancos. Tiene, acaso, alma.

viernes, 26 de julio de 2013

NO PUDE RECHAZAR SU OFERTA

Donde había estado la Torre de Marfil se levanta hoy un supermercado. Lo visité cuando se inauguró, invitado por la dirección, pero no he querido volver: por fuera es inexorablemente geométrico, inmenso, con un amplio aparcamiento y demás; por dentro aparece todo iluminación, música sedante y tentadoras ofertas desde su megafonía.  Cuando estuve allí firmando mis Obras Completas por fin publicadas (de ahí la invitación) tuve que escuchar, mientras rubricaba dedicatorias, que se recordaba a los señores clientes que el kilo de cordero lechal estaba a tanto y los botes de tomate triturado o los de pimientos belgas estaban a tres por dos. Recuerdo que Amparito (mi señora) desapareció durante la firma y sólo volví a verla al final, cargada con dos bolsas repletas de botes de tomate y de pimientos. Luego nos dirigimos a nuestro coche y Amparito condujo hasta llegar a nuestro cómodo chalé en La Salvajosa.
Yo fui el último de los habitantes de la Torre que accedió a vender. Ya entonces estaba casi en ruinas, prácticamente inhabitable, y el resto de los que vivían todavía en ella (infectos poetastros con los que no me hablaba) se rebajaron pronto a aceptar las risibles condiciones económicas que les arrojaba la Empresa como migajas o, en el caso de los menos miserables, cedieron a la vileza del ejecutivo que fue visitándolos uno a uno con la oferta añadida de editar sus infectas Obras Completas. Yo no caí en semejante argucia, pues no soy hombre que se venda a cambio de ver sus versos en triste letra de molde, pero el chantaje y la traición me obligaron a doblegarme finalmente. Una tarde, el tal ejecutivo llamó a mi puerta llamándome Maestro y asegurando ser un ferviente admirador de mi obra. Venía disfrazado, yo no sabría decir de qué.
- No fastidie, joven.
- Se lo aseguro, Maestro.
Amparito, sin mi autorización, le rogó que entrase y nos sirvió café. Tras unos momentos de conversación, el ejecutivo disfrazado de lector reiteró la oferta de la Empresa, que desde luego yo rechacé; añadió un  chalé (este chalé) y un automóvil (nuestro actual automóvil) pero ni aun así consiguió sus propósitos. Amparito iba y venía en silencio. Fingiendo darse por vencido, con mucha cortesía iba a despedirse de mí el reptil para marcharse, cuando extrajo de su cartera de mano el fatídico ejemplar.
- ¿Tendrá la bondad de dedicármelo, Maestro?
Confieso que palidecí. Cincuenta años antes, aquel engendro, aquel error de juventud, aquel informe amasijo de ripios infames había sido retirado de las librerías por el propio editor, bajo la celosa supervisión de Amparito, a una fulminante orden mía: era indigno de mi pluma ¿Cómo había conseguido un ejemplar aquel botarate? Traté de aparentar despectivo aplomo.
- Ese libro no es mío, joven.
El taimado canalla sonrió, sibilino.
- Claro que sí, Maestro: su nombre figura bajo el título.
- Sí, pero lo repudié en su día como a esposa infiel.
- Tal vez, pero es suyo.
Y entonces volvió a insistir en su oferta por mi casa y en publicar mis Obras Completas, solo que en papel ahuesado mediante la prestigiosa Editorial Cefalea. Cualquier otro hubiera cedido, pero no así yo: me negué una vez más. Por toda respuesta, el ominoso ejecutivo esgrimió ante mis narices el fatídico ejemplar.
- Entonces, Maestro, añadiré esto: si acepta nuestra oferta no lo publicaremos.

jueves, 13 de junio de 2013

RONDA DE RON

El viejo pirata regresa, después de veinte años de mala suerte, calamidades y desgracias, a la isla de la Tortuga. El Caribe ya no es lo que era y los grandes perros del mar (Drake, Morgan, Hawkins, El Olonés y los demás) han desaparecido para siempre: en las selvas, en los calabozos, en la horca; los que quedan han caído todavía más bajo y trapichean aquí y allá, de isla en isla, sin dignidad y sin fortuna. El puerto ya está a la vista, pero a medida que el achacoso cascarón se acerca al muelle el viejo pirata advierte con tristeza los cambios: ya no queda un solo barco de los de antes, viejo y sucio; ahora todo son elegantes balandras de impecable arboladura. Al saltar a tierra, su chusma y él caminan entre primorosos rollos de cabos y proas decoradas con gusto, y se sienten extraños al verse examinados de arriba abajo por marinos de fina estampa, que parecen funcionarios de vacaciones. Para quitarse de encima esta sensación de irrealidad se dirigen a "El oro y la sangre" a emborracharse como es debido, pero la taberna ya no tiene ese nombre, sino el de "Lord Jim". A pesar de todo, el contramaeste quiere ser optimista.
- No importa, capitán. Ron seguro que les queda.
El local ha perdido aquella oscuridad de los buenos tiempos, aquella roña, aquella costra, aquel moho, aquel desastrado abigarramiento: es un espacio luminoso y limpio, de finas líneas minimalistas. Tom El Chorlito no puede más.
- ¡Esto es una mierda!
El contramaestre persiste en su esperanza a pesar de el murmullo amotinado de los otros.
- Vamos a sentarnos, capitán.
- ¿Tú crees que nos fiarán? -le susurra el viejo pirata- Porque venimos sin blanca.
- Hombre, capitán... digo yo que sí. Tanto no pueden haber cambiado las cosas...  
Al momento se materializa ante ellos un oblicuo camarero inescrutable.
- ¿Qué pedirán, caballeros?
Todos se miran entre sí con una especie de cohibido estupor. "ron, ron", murmuran todos sin mirar al tiparraco. El contramaestre se dirige al viejo pirata.
- Que... digo yo que ron ¿no?
El capitán se hace portavoz de los suyos.
- Una botella de ron.
- Por supuesto, señor. ¿De qué marca?

domingo, 26 de mayo de 2013

FUNDADO DESCONCIERTO DE DOÑA TOMASA

Vamos a ver si me entero:
"los mariachis callaron;
si sus labios se abrieron
fue pa´ desirme
ya no te quiero"
Mi pregunta es: ¿los labios de quién? ¿Los labios de los mariachis para decirle al interfecto que ya no le querían? Pero la letra no dice simplemente que no le quieran, sino que ya no le quiere,. lo cual significa que antes sí ¿Y por qué le querían antes? ¿Y desde cuándo? ¿Cuándo nació ese abominable amor? ¿A qué tórrido abismo de depravación nos conduce esta en apariencia previsible tonada de desamor pro natura? ¿Adónde vamos a ir a parar? ¿Qué hace el Gobierno?

sábado, 11 de mayo de 2013

Y DE ESTO ASÍ

El niño que arrastra bajo la lluvia la mochila del cole camina compro oro hacia su casa sin ganas la mejor opción del mercado la lluvia cae como digo fina y tenaz chuletas cerdo país 20% dto. al otro lado del bordillo corre desbocada el agua los coches pasan con las luces ya puestas el niño pisa magdalenas caseras aquí colillas papeles pisa un cartón frágil abrir por aquí tiene la llave del portal abre en el ascensor va solo en el pasillo se escucha llanto niño estop ¿te gusta conducir? estop el niño también tiene la llave de casa la mochila queda abandonada con los libros los cuadernos los deberes el estuche con los bolis los lápices la goma el sacapuntas enciende la tele y espera a que un adulto responsable vamos a ayudar a Puppy tiene problemas con su vecino Tatty le prepare la cena tú decides te esperamos en tu tienda cuando la llave gira en la cerradura y el adulto entra el niño está dormido y la luz de la mañana le despertará exactamente en la misma posición la tele seguirá encendida una explosión mata tu nuevo look yo no entiendo de eso pero creo que.

viernes, 3 de mayo de 2013

DEJADAS EN PAZ

Desde que Mambrú se fue a la guerra en el palacio se respira. A pesar del descanso que ha dejado, la joven duquesa vive angustiada a diario por la posibilidad de que en cualquier momento vuelva su temido esposo, aunque las noticias de los frentes (carnicerías absurdas, una detrás de otra) y el hecho de que sus amigas vayan enviudando la tranquilizan un poco. Una vez pasados los primeros meses, las criadas, que se han librado de los asedios por el día y de los asaltos nocturnos, canturrean dichosas en sus quehaceres durante estos primeros días de primavera; esto es así hasta la tregua de Pascua, en que todas se echan a temblar.
- Si vuelve por la Pascua, mire usted qué gracia.
- Y tanto.
Sólo una vez pasada la Trinidad (en que se firma la Paz de Lamerde y las fronteras vuelven a estar como si nada hubiera pasado) se hace presente de nuevo la inquietud, pero transcurridos los meses y llegado el otoño se hace evidente que Mambrú no vuelve ya. En uno de esos pocos días luminosos de octubre, ama y criadas celebran una alegre merienda campestre. Al llegar al palacio, el hombre roto y cojo lo encuentra vacío, excepto por el mayordomo y un mozo de cuadras que se ocupa, como todas las tardes, de almohazar la yegua de su joven señora.

martes, 30 de abril de 2013

PARÍS ES CUTRE (I)

Desde que me tuve que marchar allí, en el sesenta y nueve, me vi obligado a sobrevivir exponiendo mis fotografías en salas alternativas y con el tiempo me ha ido bien, pero lo que a mi me gustaba de verdad era hacer reportajes de bodas y comuniones.

sábado, 6 de abril de 2013

SE BUSCA

Extraviado gato de raza apeluchada con inconfundible mirada sibilina y desdeñosa que invita a una enérgica patada en el morro. Responde al irrisorio nombre de "Nabuco", que está escrito en su collar tibetano. Gasta pelo leonado, largo y sedoso, ideal para pompones y pelucas de carnaval. Mi pareja de hecho ofrece una recompensa simbólica y poética por su hallazgo y devolución, yo la ofrezco espléndida, en metálico y a tocateja. Vivo no: muerto.

jueves, 28 de marzo de 2013

OTRO MUNDO ES POSIBLE (El descongelado por confiado)

Año 2195, NY. El millonario Fenimore Parker III fue crionizado en 2005, según sus indicaciones, para ser descrionizado cuando las condicioines bursátiles y de mercados fuesen favorables a una confusa expansión de sus intereses; el momento de emitir la orden de descrionización a la empresa Disney Ice Ltd. debía ser decidido por sus abogados del bufete Solomon & Solomon, que se hundió en 2067; los papeles del asunto Parker fueron comidos enseguida por las ratas y la humedad del Viejo Edificio de Oficinas Abandonado. Este año de 2195 ha quebrado Disney Ice Ltd., por lo que sencillamente se le ha cortado la luz y los crionizados pardillos se han visto descongelados por las bravas. Casi todos han muerto o algo peor, pero hay tres supervivientes: Parker, un jeque saudí y un creador franchute, que lentamente se han ido incorporando y han salido de sus urnas para encontrarse con una habitación desamueblada. El jeque ha corrido hacia la única ventana y ha lanzado una maldición en árabe, el franchute lo ha seguido y ha jurado en francés y Parker ha querido hacer una llamada por su móvil, pero el artefacto está muerto (no por los efectos de la descongelación, sino del mund, que ya no existe tal y como el jeque, el franchute y Parker lo conocieron).
El franchute sabrá ganarse la vida haciendo juegos de manos en los mercados y dibujando en las aceras y el saudí tendrá que volver a la vida nómada de sus antepasados asaltantes de caravanas. En cuanto a Parker, no le quedará otro remedio que empezar de cero; solo que no podrá volver a servir hamburguesas, ni aparcar coches, ni atracar bancos.

viernes, 15 de febrero de 2013

ARTE DE AMAR

El sol se ha puesto hace rato y cada vez que un parroquiano abre la puerta entra con él el aliento de la helada.. La pequeña pantalla, a la que nadie atiende salvo la Remedios, se hace eco del rumor según el cual la luna tiene amores con un calé y toítas las noches con el gitano se ve.
- ¡Arrastro!
- ¡Su puta madre!
Desde el otro lado de la barra, la Remedios se impone suavemente a los mozos.
 - A ver esa boca.
No hace falta más. Claudio y Antonino agachan las orejas y siguen con las cartas, es lo mejor.
En un extremo de la barra de madera brillante e impecable hay un nombre grabado a navaja: Horacio y, a su lado, una depresión semicircular de bordes suaves y gastados por el tiempo, formada por: las huellas que dejaron allí, al clavarse, los cuatro incisivos superiores del Horacio Maniqueo. Están ahí desde el día de la inauguración del bar, hace diez años. La Remedios era una muchacha tan tímida y sentimental como ahora, y también tan fornida, aunque un poco menos paciente. Entre el barullo general por la tarde de vino de balde, la muchacha vio al Maniqueo (que entonces tendría veinticincinco años), con la cabeza casi sobre la navaja, grabando su nombre en la reluciente, nueva, cara, sagrada madera. No avisó a su madre, sino que fue derecha hacia él, a quien tampoco avisó: le puso la mano en la nuca y de un empellón seco le clavó los dientes en la barra. La Remedios sigue soltera, cierto, pero también lo es que no hay ninguna otra muesca o señal de deterioro en todo el local.
Con el aliento de la helada entra un forastero ajeno a su destino. La Remedios ha vuelto a atender a la pequeña pantalla, y escucha absorta que qué bonita está la luna con su cara enamorá.



 

domingo, 27 de enero de 2013

QUIÉN TE HA VISTO

Una circular interna del MI 6 ha recordado a todos los agentes Cero Cero Siete (incluido Bond, James Bond) que son funcionarios del Estado y, como tales, deben ajustarse a los nuevos presupuestos dictados por estos tiempos.
En su actual misión (que previsiblemente da comienzo en Montecarlo, adonde ha tenido que desplazarse en clase turista) Bond se ha visto obligado a hospedarse en el Hotel Lamerde, situado a una distancia lamentablemente larga del Casino Roulette, único donde la dirección ha admitido las máquinas tragaperras, a su vez único juego al alcance de las mermadas dietas de Bond. Las tragaperras del Roulette no favorecen, desde luego, el acercamiento al sofisticado criminal que persigue, pero mientras acciona una de ellas y bebe té helado (no agitado, eso sí) directamente de la lata ha podido intimar con una jubilada de pasable buen ver cuya compañera de habitación en la residencia fue contacto de la Resistencia durante la segunda Guerra Mundial. Cuando la jubilada sale del casino y toma su autobús de regreso, Bond trata de seguirla entre el tráfico al volante de su Mini (automóvil de fabricación británica y por lo tanto sólido, aunque no especialmente veloz), pero sin resultado: la vieja se le escapa. Cuando regresa por la noche al Lamerde casi se mata al colisionar con un camión de la basura: conducía ebrio tras haberse bebido, rodeado de marineros borrachos, todos los martinis que pudo pagar de su bolsillo. La policía lo arrestó, naturalmente, y la Embajada Británica, consultada por el comisario, no quiso saber nada del asunto.
Esto por lo que se refiere a la vida real; ahora vamos a detallar los recortes de "Ahórrate la muerte", la película (serie B).