miércoles, 4 de julio de 2012

Callejón sin salida

Considero que sólo una gentecilla bien alimentada puede emplear, con la soberbia imbécil propia de la chusma, la expresión "comida basura". ¿Basura? ¿Puede concebirse que la basura se coma? o, dándole un giro a la cuestión, ¿puede apellidarse "basura" a algo que se puede comer? Comprendo que los traductores no suelen ser más que una caterva de solapados prevaricadores del buen lenguaje, que el inglés tiene razones que la razón no entiende y todo eso pero aún así, cuando veo a esas familias, a esos grupos tribales, a esas parejas, a esos individuos silenciosos en los puestos callejeros, las bocaterías, las pizzerías, los antros de platos combinados, las barras de los baretos, los tugurios de las estaciones de tren y de ferrocarril rumiando comida caliente no pienso ni por un momento en las grasas animales, su toxicidad y su difícil asimilación, en la falta de fibra ni en cualesquiera otras vaciedades de la preceptiva dietética. Pienso en estómagos satisfechos, en personas que tienen una vida real, que mientras mastican pueden permitirse el lujo de pensar en otra cosa porque tienen otras cosas en las que pensar, en personas que temen, aman, esperan, trabajan, no trabajan, viven en pisos o en cubículos o en pensiones, que escuchan música, que leen, que estrenan zapatos, usan gafas de marca o no, gastan bromas a sus amigos, se rompen brazos y piernas para ser luego escayolados y cuidados... qué sé yo. Y dicho esto debo disculparme y apretar el paso, amigos míos, pues no quiero retrasarme en mi cita diaria con el contenedor.

1 comentario:

Mónica Caneda dijo...

Fantástico.