viernes, 16 de marzo de 2012

MEDICINA ALTERNATIVA

Hace un minuto que ha acabado la visita médica de todas las mañanas. De la habitación 134 sale el hombre de gafas impolutas y poblado bigote que lleva el fonendoscopio colgado con naturalidad: de manera indolente pero no desequilibrada. Del bolsillo superior de su bata cuelga la tarjeta con el logo del hospital; en ella consta el nombre de Tzevan Pokorny y las siglas que lo identifican: FV (Facultativo Visitante). Lleva aquí un mes y se conoce el macroedificio como la palma de la mano: de los pasillos a las cocinas, de los ascensores a los despachos, de los almacenes a los quirófanos. En muchas ocasiones ha guiado a visitas que se habían perdido, y una vez ayudó a encontrar la salida a una anciana que llevaba toda la mañana dando vueltas por las plantas, entrando y saliendo en ascensores y cosas así. Se pasea lentamente por todas partes mirando, preguntando, charlando con médicos, médicas, enfermeros, enfermeras, administrativas, administrativos y pacientes en un castellano torpón. Todo el mundo comprende que, al no conocer las costumbres, tome asiento -por ejemplo- en una habitación cualquiera y se ponga a escuchar las conversaciones de los familiares y allegados que están junto al lecho del postoperado, o haga preguntas impertinentes -pero muy bien fundadas- a un neurólogo sobre si conviene o no suministrar veinticinco miligramos de izopropianol.
- Io contzidero ke tzería meior siuministriar treinta, o no siuministriar nata in absioluto ¿Sí, doktor?
- Pues no.
- Vale, doktor... Tchitchiaro.
- Chicharro.
Nunca come en la cafetería, pero se pasa a menudo por allí para tomar un café y meter baza en las conversaciones y los corrillos de las enfermeras, que se ríen mucho con su acento, sus ocurrencias y sus preguntas. Suelen hacerle ojitos.
En un momento dado toma un ascensor y sube a la quinta planta. Al llegar gira a su izquierda y enfila el pasillo del ala de Psiquiatría hasta llegar a la habitación 134.
Una vez dentro cierra la puerta. El paciente de la cama que está junto a la ventana lo saluda.
- ¿Qué tal ha ido hoy?
- Bien, Cayetano, bien.
Cayetano está preocupado por su amigo y también por él mismo.
- Un día te van a pillar.
- ¿Y qué me van a hacer?
- Tú no conoces a esta gente. Son capaces de darnos el alta.

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