viernes, 16 de diciembre de 2011

ESTÁS EN TU CASA

Las personas sobrias infunden confianza, por eso el diablo es sobrio. Las representaciones artísticas de nuestro personaje casi siempre son ingenuas: gesticulante y palabrero, barroco casi siempre, elegante a veces, en ciertos casos refinado; en otras ocasiones nos lo venden nocturno y voraz, vampírico, o torpe y soez en las versiones de los años setenta. Lamentable.
¿Quién va a fiarse de semejante botarate? Ponte en situación: un tipo retorcido pretende convencerte de que hagas algo que no parece tener sentido para conseguir una cosa sin la que cualquiera puede pasar, pero todavía queda lo mejor: a cambio de conseguir eso que dice que quieres te pide que le des tu alma. El timo del jamón de york es más sutil.
El diablo no llama la atención porque nunca pide nada, ni hace nada, ni espera nada. Anda por ahí, con las manos en los bolsillos, sentado en un banco y viéndote pasar. ¿Te lo diré? Sí, te lo diré: el diablo no es malo. Nada de esto ha sido idea suya: no te ha puesto el arma en la mano, no la ha colocado donde la encontraste, no te ha conducido hasta ella, no te ha dicho que estaba sobre la mesa, no va a facilitarte la dirección a la que te encaminas, no te pedirá que llames al portero automático, ni tomará parte en nada de lo que vendrá después. No le complacerá tenerte como huésped. Lo único que hizo (que hice) fue no advertirte.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Diablo mundo...