miércoles, 9 de noviembre de 2011

ANIBAL AD PORTAS

La tienda de campaña es adecuada: amplia, cómoda, fácil de montar, moderna; el único problema es que no tiene columnas corintias y yo me niego a pasar una noche bajo un techo que no esté sostenido por, al menos, dos columnas corintias labradas en mármol (en su defecto, transigiría con el alabastro, no soy tiquismiquis). El responsable de seguridad de la sección de deportes (el dependiente ya no puede atenderme) intenta lo que él entiende por hacerme entrar en razón; en lo sustancial está de acuerdo conmigo, ya que es un hombre de orden y, a pesar de los dos impactos de bala, conversa conmigo amigablemente y me da toda la razón: en qué cabeza cabe -me apoya- que una persona como usted y como yo pueda siquiera conciliar el sueño en tales condiciones, sin columnas corintias en su caso, aunque le confieso que yo me inclino más por lo ojival: para mí, donde se ponga un pórtico de cantería con su rosetón policromado... pero, vamos, que le doy a usted enteramente la razón, ¡ni que fuésemos bárbaros!, ¡a dónde vamos a llegar!, la culpa de todo la tiene la televisión. 
Sé que los Geos han tomado ya posiciones y que van a entrar; sé que no me queda munición; sé que el jefe de seguridad no me está diciendo toda la verdad de lo que opina (pienso que no es tan rotundo como yo en la cuestión y tal vez no le hiciera ascos a un sencillo porche de madera pintada) y sé que no me dirigí al dependiente en los términos adecuados, pero debe usted saber a su vez que yo, sí, yo, míreme bien, yo y nadie más estoy en la última trinchera y acabo de quemar el último cartucho. Dentro de unos momento ya no quedará nadie entre ellos y la civilización. Y ahora qué le cuento yo a mi marido, que en paz descanse.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Dentro de poco, sin número de la seguridad social, sin derecho a cartilla sanitaria...sí que vamos derechos a la desaparición.

Anónimo dijo...

Aníbal no llegará nunca...