viernes, 7 de octubre de 2011

TRANSPARENCIA

Plano general. En la pantalla vemos, delante de cierta furgoneta aparcada, una víctima andrajosa pero digna a la que le aplican un micrófono. A su espalda, al otro lado de la furgoneta, se aprecian los cimientos en construcción de lo que va a ser un supermercado o algo así; se ven los pilotes encofrados, las máquinas en movimiento, los operarios en su actividad, la grúa. La víctima se lamenta de que donde ahora se construye todo eso se encontraba su casa. Una casa antigua, de antes de la dictadura de Primo de Rivera, figúrese usted, joven; en realidad era un hotelito, como se les llamaba entonces, con su jardín y su ventanal. Los andrajos, observados con detenimiento, corresponden a lo que fue un uniforme de coronel de caballería, y -en efecto- los espesos bigotes de la víctima son los del caso. Al requerimiento de la entrevistadora, la víctima explica con tristeza (y con estas palabras) sus circunstancias actuales: sin techo, sin paredes, sin suelo, sin ventanas, sin nada en resumen, amiga becaria, ¿adónde voy yo ahora?; a la pregunta que le sigue responde con palabras igualmente previsibles: ¿cómo quiere usted que me encuentre?, pues como sin sombra. Más preguntas se le ocurren a la reportera, y al final se despide de la desolada víctima. Primer plano. Pues hala, señor, mucho ánimo, cuídese. Ya, ya, tenga usted buenas tardes, joven. Lo curioso es que a través de su cuerpo se ve la furgoneta.

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