viernes, 30 de septiembre de 2011

Frases que de haber sido dichas otro gallo nos hubiera cantado

"De lo que se inventa se come" (Unamuno)
"Interpretar los sueños no es difícil, es inútil" (Freud)
"Si sale cara, soy; si sale cruz, no soy" (Shakes)
"Dios no juega a los dados porque siempre pierde" (Einstein)

viernes, 16 de septiembre de 2011

LOS LIBROS HACEN HOGAR

Para mi Laura
El caos de una biblioteca no se improvisa, porque el caos es una obra de arte. Si quieres tener una biblioteca verdaderamente caótica, da los siguientes pasos -ya sé que parece un contrasentido- de forma ordenada, aunque me temo que es ya tarde para algunos de ellos.
1.- Sé un niño ordenado.
2.- Ten una adolescencia difícil, en la que compenses tus desequilibrios con la acumulación compulsiva de volúmenes. Que los leas o no es irrelevante para esta receta, pero la acumulación -y, en su caso, la lectura- debe ser metódica y a la vez flexible, adaptándose a las oscilaciones de tu curiosidad, tus manías y tus necesidades.
3.- Compórtate en tu juventud con ese desenfreno intelectual -los otros desenfrenos no hacen al caso- que desemboca en un cuarto desbordado por los libros sin leer, a medio leer, ilegibles, de lectura postergada, etcétera. Rebélate periódicamente contra este intolerable estado de cosas y elabora -por escrito- planes faraónicos de lectura rigurosa que no te creas ni tú.
4.- Enamórate y ten suerte. Para entonces, más te vale descreer de cualquier forma de orden.
5.- Tened hijos. Los niños enriquecen el caos hasta extremos inimaginables y ese caos que provocan está vivo: lo devora todo como un depredador insaciable. Para entonces, los libros serán objetos respetados que hay en casa. Con el tiempo descubrirás que no se acaba el mundo porque El Aleph no aparezca por ninguna parte. Acepta que los libros ya no son tuyos. Sólo poseerás lo que has leido.
Siguiendo estas sencillas reglas, podrás llegar a ser el orgulloso desposeído de una biblioteca ejemplarmente caótica, donde cada búsqueda será una aventura, cada hallazgo una sorpresa, cada lectura un triunfo, cada página una... pero esto qué... es... un caramelo... ¡Manuelaaaaaa!

viernes, 9 de septiembre de 2011

1865

Al otro lado del Estrecho, hace un mes, el general Lee se rindió a los yanquis en Appomatox con lo que quedaba del Ejército de Virginia; se acabó la Confederación, se acabó el sueño del Sur; ahora, Lincoln podrá recuperar su nación unida, como había prometido a los electores del Norte. A don Mateo Carmona, que mira sus campos de caña desde el caballo, esto no le preocupa. La zafra de noviembre será buena, lleva años siendo buena, pero el azúcar se está pagando mal y esto es lo que le preocupa. La plantación de don Mateo no es pequeña; sin ser la mayor de esta parte de la Isla, ni mucho menos, da para mantener a su familia y, sobre todo, a él en una forma de vida espléndida. La enorme casa en medio de los campos. El lujoso principal en Santiago. Esta perezosa elegancia que exige tanto tiempo. Veladas. Viajes. Telas. Hábitos. Libros. El blanco inmaculado de toda su ropa. Desgraciadamente, toda esa forma de estar en el mundo está sostenida en vilo no por otra cosa que por dinero, dinero y más dinero, y mirar para otro lado no cambia las cosas. Sus hijas no tienen por qué sospecharlo siquiera, ni su esposa debe conocer el alcance de lo que se viene encima -al menos por el momento- pero el caso es que los libros de cuentas no mienten jamás, y su administrador le ha hablado con toda claridad: otro año así y vamos a la ruina: hay que vender, ahora que estamos a tiempo. Sí, pero vender qué ¿Vender los caballos? ¿el principal? ¿muebles? ¿vender la biblioteca? Cada una de esas cosas es necesaria; si hiciese un solo movimiento en ese sentido, no podría volver a sentarse en el Casino, no podría volver a pasearse en público. Sin embargo, hay cosas que no tiene esa nobleza y por las que se puede empezar: el cafetal de Cerro Lavado, por ejemplo, no da más que disgustos. Tira de las riendas y el animal se vuelve despacio, enfilando el camino amarillo; se va la luz de la tarde, lloverá antes de la noche; es agua de primavera. llevando el caballo al paso, va bromeando con los hombres de las hileras que vuelven del campo, a sus cabañas. Son suyos. A los más viejos los conoce por su nombre: trabajaron para su padre y desde que era niño los ha visto pasar, con la herramienta al hombro. Esta última fila viene precisamente de Cerro Lavado; habla con Marcial de los buenos tiempos, le pregunta por sus hijos, el menor está en la casa, es un buen cocinero. Cuando pasa un momento, don Mateo deja atrás a los hombres y vuelve a pensar en sus problemas. Ya que voy a vender el cafetal y no los necesitaré -piensa don Mateo-, también voy a venderlos a ellos.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Navidad

Esta Navidad, zarigüeya. Mi señora es muy partidaria de la cocina étnica.