viernes, 19 de agosto de 2011

LA PICARESCA FUNCIONA (I)

Para el doctor Carlos Gutierre, Oidor de la Audiencia de los Confines.


Yo, señor, nací en una ribera del Arauca vibrador. Soy, pues, hermano de la espuma (si no de sangre, a lo menos de leche), así como de las garzas e inclusive de las rosas, además de ser hermano, como no, del Sol. Del Sol, repito. Con la ejecutoria de tan ilustre parentela me vine para acá, a pretender oficio real en la Corte, con la seguridad de ser no ya bien recibido sino agasajado por las personas principales della, lo cual no sucedió así; muy al contrario, vime acosado por corchetes, guindillas y alguaciles que no veían en mi persona sino malhechor solapado, de manera que tuve por mejor acuerdo buscarme una ocupación cualquiera y excusar persecuciones. No encontré yo la Corte como me la había figurado, con sus perros atados a cada paso con longanizas, y los empleos que en ella encontré fueron de la misma manera ruines y de mal provecho, como más largamente sabrá quien pasare adelante.


Oficios y ocupaciones del bachiller Nelson Jerónimo Caramillo, vecino de Madrid

sábado, 13 de agosto de 2011

Joyas de nuestro Refranero

Quien da pan a perro ajeno
pierde el pan y pierde el perro

¿Y qué esperaba? ¿quedarse con el perro?

sábado, 6 de agosto de 2011

SIN ESCAPATORIA

No muchos saben que todas las brujas han sido princesas. Esto es algo que la industria del cuento infantil siempre ha ocultado cuidadosamente, por razones obvias. También ha silenciado el hecho de que la inmensa mayoría de las brujas no son malas, y sólo una ínfima proporción de las malvadas son decididamente perversas. Únicamente llegan a ser brujas las princesas que se casan con príncipes azules los cuales, después de consumado (o no) el matrimonio, se hacen los suecos y vuelven a sus guerras, sus intrigas palaciegas y sus previsibles hábitos sexuales ("¿cómo he podido estar tan ciega!", se lamentan muchas cuando ya es tarde, "no sera porque no te lo advertimos", le contestan sus amigas), por lo cual sus abandonadas esposas se entregan a la amargura, la melancolía, la lectura, la religión, el rencor o la venganza, según. Las que no se casan, sin embargo, jamás se convierten en brujas, porque ven y siempre verán el mundo con otros ojos: unos ojos poéticos, radiantes, que atesoran imaginación, fantasía, esperanza y demás monsergas. Muchas se descuidan y acaban en hadas madrinas.