viernes, 24 de junio de 2011

LA VERDADERA NATURALEZA DE LAS COSAS

Una joven pareja feliz sobrevive en la gran ciudad; no tienen dinero para viajar-ir-a-conciertos-escaparse-de-finde ni nada de nada, pero tienen amigos que sí; comen en el trabajo (comen y trabajo son palabras que no estoy usando con propiedad), pero cenan todas las noches en casa, bajo una bombilla pelada, en una mesa baja que en realidad es un cajón grande de embalar; su único lujo social es invitar de vez en cuando a los amigos (pocos, el cuchitril no da para más) y beber escuchando música hasta altas horas de la etcétera.

Diez años después viven bien. Es el atardecer. Es su fiesta de aniversario, que dan en el amplio jardín; junto con todos sus compromisos, han invitado a los amigos de los tiempos difíciles. Cuando llega la hora de los regalos, dos operarios fornidos depositan sobre el impecable césped un paquete grande y pesado, que contiene el regalo de un amigo de los de siempre, que ahora es un reputado diseñador de muebles. Ante las expectación general, la pareja rompe los papeles, los operarios abren el embalaje y aparece ante sus ojos la última creación de su amigo: una mesa ideal, sobria, nórdica, que despierta el oh y la envidia de todas las presentes: se trata de una mesa baja con apariencia de cajón grande de embalar, idéntica a la de los tiempos duros.

Ahora, contéstate esta pregunta: ¿que preferirías, un cajón que sirve de mesa o una mesa que parece un cajón? Conócete a tí mism@.

viernes, 17 de junio de 2011

TÉRMINOS PERSEGUIBLES

Nada más fácil
Estrepitosamente
A todas luces
Libre de caspa
Inquirió
Entresijos
Muy al contrario

sábado, 11 de junio de 2011

LA CONSPIRACIÓN

- No van a querer. Por lo menos el mío no.
- Ni el mío.
- Eso ya lo sabíamos, ya estaba hablado. Mañana lo solucionamos.
El plan es muy sencillo y lo que pretenden las cinco mujeres es algo de lo más inocente: un fin de semana en París para ellas solas, sin maridos, sin niños, como una excursión de fin de curso. Sin embargo, antes hay que convencer a los esposos y a los críos; lo difícil serán los niños, claro, porque van a querer ir a Disneyland y no van a entender por qué no, pero eso se solucionará a su tiempo, ahora están trazando un plan para dar jaque mate a los maridos. El plan, como se ha dicho, es muy simple: mañana, comilona en el amplio chalet de Pilar, con partido Barsa-Madrí a media tarde y una provisión equilibrada de cerveza: tampoco conviene a sus planes que los cinco estén como cubas y no sean capaces de atender a razones; al final, les espetarán la idea, que está bien trazada: un vuelo barato, un hotel asequible, un itinerario cultural, restaurantes moderados, compras bajo control Y, SOBRE TODO, la vida doméstica solucionada: comida para una horda en cada nevera, casas como los chorros del oro, películas y juegos ordenados por orden alfabético... En fin: sencillamente, no pueden negarse.
La barbacoa y el partido han sido sencillamente un éxito. El empate a penaltis les ha favorecido y los cinco hombres discuten las jugadas con inocente fervor. Cuando escuchan un carraspeo, todos miran a la vez en la dirección de donde procede, para encontrarse con sus cinco mujeres desplegadas en línea de abordaje. Se diría que están perdidos, se diría que no hay para ellos esperanza de victoria, se diría que van a ser aplastados.
- Tenemos algo que anunciaros, queridos.
Hay, madre. "Anunciaros". Hay madre, "queridos". Zafarrancho de combate, todos a cubierta, artilleros a las piezas, venga, venga, venga. No empiezan con una andanada demoledora, las mujeres son sutiles: empiezan con un movimiento envolvente, pidiéndoles de manera imperativa que tomen asiento todos juntos en el sofá. Ellos, apenas recuperados de la sorpresa, lo hacen con intrigada obediencia más que con alarma. Ellas se mantienen de pie separadas unas de otras, rodeándolos. Las esposas les exponen modestamente, humildemente, su improvisado, ingenuo propósito con la intención de someterlo al sesudo criterio, la serena reflexión, el sabio dictamen de los cinco futboleros en estado de semiembriaguez. Además, todo son ventajas: se las van presentando una a una... y a medida que ellas hablan, pero ya desde el principio, está pasando algo. Todos ellos, los cinco como un solo hombre, están sonriendo discretamente; no pueden ocultar un brillo en los ojos: es como si tratasen de disimular que les ha tocado la lotería. Los cinco fingen una expresión magnánima, indulgente.
- Desde luego. Iros, os lo habéis ganado.
- Os lo merecéis. No faltaba más.
- De los niños no os preocupéis.
- ¿Somos o no somos maridos del siglo Veintiuno? Sin problema.
- Pues claro.
Al día siguiente, en la misma cafetería, las cinco observan calladas sus tazas con absurda concentración, con rostros torcidos, sin que ninguna se atreva a romper el silencio. Tiene que hacerlo Pilar.
- Vamos a ver. ¿Aquí qué coño está pasando!

viernes, 3 de junio de 2011

OKUPAS III. La Batalla Final.

Quitando el incendio, el asalto de los antidisturbios y las dos semanas de hospital, nos lo hemos pasado bien.