sábado, 28 de mayo de 2011

ORGULLO & PREJUICIO Ltd.

Madrid, 16 de junio de 1812

Querida esposa:

Desde que dejamos el Reino de Portugal y entramos en el de España, por un lugar llamado Badajoz, según creo recordar, los lugareños se han venido comportando con nosotros sin la menor cortesía, salvo que consideren cortés obligarte a hacer cosas inadmisibles por el más tolerante de los seres civilizados, tales como comer o beber con ellos; en este sentido quisiera hablarte (para que te diviertas conociendo las penalidades a que tu marido se halla sometido) de una situación en que varios oficiales nos vimos involucrados, y se relaciona con cierto comistrajo local. Pues bien, se dió el caso de que fuimos invitados a una recepción (le dan otro nombre que ahora no recuerdo) que resultó ser una antihigiénica y confusa bacanal de la que no pudimos escabullirnos hasta la mañana siguiente; en ella había un solo alimento, cuya descripción te hará comprensible que ninguno de nosotros ingiriese nada sólido aquella noche: se trata de una pata de cerdo cruda y seca, que conserva tanto la piel grasienta como las pezuñas del animal y tiene el aspecto más lamentable que puedas imaginarte. Ellos lo comían con delicia, celebrándolo como una ambrosía, acompañado de un vino sin relación alguna con el oporto o el sherry, que nos dió dolor de cabeza casi de inmediato; cierto individuo de la horda, que absurdamente sabía un inglés aproximado, me explicó que ambas cosas (el vino y aquello) eran como el alma y el cuerpo de su espírito, del espírito de su país. Yo le respondí -en absoluto ofendido, pero con comprensible desdén- que no me extrañaba. Añadí que el alma y el cuerpo de nuestro espírito son la cerveza caliente y el jamón de York.

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