viernes, 29 de abril de 2011

CUENTOS INFANTILES ESCRITOS POR... Hoy: Faulkner

LA MUÑECA DE TRAPO

Betsy piensa: no siempre me han llamado así, antes he sido Maryloo y Savannah, pero ahora mi nombre es éste. Betsy tiene sesenta y dos años; la compró en un almacén de Memphis, hace todo ese tiempo, la bisabuela de Sarah, cuando ya había terminado de pagar las vituallas para el invierno y se disponía a salir del establecimiento con su marido hacia el carro de mulas que les esperaba a la puerta, para regresar a esta casa. Eran los años anteriores a la Guerra, cuando ni siquiera había nacido la Confederación. Se la regaló a su hija mayor, Elaine, una niña seria y férrea que sería la abuela de Sarah y esa tarde se convirtió en la primera propietaria de la muñeca. A lo largo de tres generaciones, ha presidido esta cama, la cama de la hija mayor, pasando de la abuela Elaine a la madre Beth y de ella a Sarah, y nunca ha salido de la habitación abigarrada. A lo largo de ese tiempo, al otro lado de la ventana se han sucedido el estruendo de la guerra, el chirrido de los aserraderos, el murmullo maligno y agónico de los linchamientos nocturnos. Ahora, puede decirse que el aspecto de Betsy resulta deteriorado y mustio, pero en esta noche de verano, con la luz de la luna filtrándose a través de las ramas del roble por la ventana abierta, su falta de pelo, el desgaste de su cuerpo desteñido y la falta de su ojo izquierdo -sustituído por un botón- no se perciben tan desalentadoramente como durante el día; Betsy parece un objeto más entre los objetos que abarrotan todas las superficies horizontales del cuarto, salvo la cama, donde sólo ella reina; y, además, su mirada de sufrimiento procede de otro motivo. La muñeca piensa: me gustaría ser una de esas luciérnagas; le gustaría volar como una de las luciérnagas que dibujan la oscuridad fuera de la ventana, como puntos, diminutas estrellas fugaces dotadas de vida que trazan la forma del jardín, la valla, los arbustos, la madreselva, las adelfas. En ese momento, Sarah entra en la habitación dando grandes zancadas silenciosas y decididas, avanza hacia su cama y agarra a Betsy por uno de sus brazos de trapo, la levanta unos centímetros sin cuidado y la lleva consigo, colgando de su mano. Sarah tiene el rostro recorrido por dos líneas de lágrimas, pero su expresión no es de dolor, sino de furia. Betsy la ha acompañado a lo largo del oscuro y solitario sendero de la infancia, con toda su encarnizada carga de vértigo y de pesadillas, pero ese camino ha llegado a su fin y ahora ha sonado la hora de la venganza, no contra Betsy, sino contra el mundo. Antes de coger la cuerda y descolgarse hasta la hierba, la muchacha se coloca junto a la ventana y, con toda su fuerza, lanza la muñeca; Betsy cruza el aire nocturno, girando con rapidez bajo las estrellas impasibles, sobre el césped oscurecido por las sombras, entre las luciérnagas atónitas que se apartan; cae al fin, sin ruido, al otro lado de la valla, entre los matorrales abandonados y polvorientos, donde se convertirá con el tiempo en otra cosa más abandonada allí, pero esta noche, por primera vez en su vida, durante unos segundos se ha sentido feliz. Al fin libre -piensa, mientras se acostumbra a los insectos.

1 comentario:

Antonius Block dijo...

NO HAY DUDA ALGUNA
es el mejor de los que llevo leídos en el Blog, en dura competencia con otro par de ellos, si lo pienso bien. ¿Y por qué? Tal vez por los años oscuros,
http://www.youtube.com/watch?v=vVRFYi9jEEg

o por ese aire del sur americano,
http://www.youtube.com/watch?v=P2yVZRAtaa4&feature=related

o más bien, de empezar de nuevo,
http://www.youtube.com/watch?v=Ki2UvRrbPxQ&feature=related

Me estoy refiriendo a la muñeca.