miércoles, 29 de septiembre de 2010

EL PRETENDIENTE VENIDO DE LEJANAS TIERRAS (I)

El bufón ha muerto. Ya estaba viejo y sordo, no valía para nada y contaba siempre los mismos chistes. Nadie le ha echado de menos, excepto el rey, que también está viejo y medio sordo. Ha dado orden de que se pregone por todo el reino que la plaza de bufón del rey está vacante y, al sustancioso olor de las ganancia (el viejo payaso estiró la pata siendo muy rico), forman una larga fila en el patio de armas los que pretenden el puesto. Llevan haciéndolo seis días con sus noches. Duermen ahí. La cola está compuesta por indiviuos trajeados de manera abigarrada, estridente; a menudo se insultan y se pelean, alguna vez brillan cuchillos y ha corrido la sangre un par de noches, pero normalmente no pasan de gritan obscenidades y contar sucedidos y chismes cortesanos, igualmente libidinosos. Los pajes y las doncellas, a pesar de estarles prohibido por la etiqueta, se acercan a ellos para escucharlos. Los guardias hacen la vista gorda.
Fuera de Palacio, por todo el reino, hay guerra y peste. Se ha dado orden de subir el puente, trancar el portón y bajar el rastrillo. Nadie puede ya entrar ni salir. Los aspirantes del patio son los únicos que serán atendidos, escuchados y seleccionados por el Mayordomo Mayor, funcionario que decidirá quién entre ellos, etcétera.
Por otra parte, y esto desde hace años, la princesa y única heredera del reino sigue por casar. Aunque el arroz se le está pasando (tiene ya diecinueve años) persevera en su negativa: ninguno de los que hasta aquí han llegado para pedir su mano le ha parecido ni siquiera medio bien, prefiere sus libros y su huerto. Acorralada por su agobiante madre (al rey todo le da igual a estas alturas) ha puesto como conditio sine qua non que quien la pida en matrimonio debe haber matado un dragón y traer en prueba su cabeza. Pero no puede tratarse de un dragón de charca o de rastrojo, de esos que cualquier gañan puede dejar seco de un palo, y menos todavía uno de esos de granja: ha de ser necesariamente un ejemplar de lepidonte flamígero, capaz de comerse crudo a un caballo con su caballero. Aclaremos que sólo ella, y algún especialista más, saben que los lepidontes no existen, que son una leyenda que sólo cree el vulgo ignorante y los lectores de novelas de caballerías de la peor estofa. No hay peligro, pues.

1 comentario:

Antonius Block dijo...

LA QUE LE ESPERA AL PRETENDIENTE,
1. Lo que él cree que le espera,
http://www.youtube.com/watch?v=UWj95T75Yh0&feature=related
2. Lo que podría ocurrir,
http://www.youtube.com/watch?v=rrXYBT9EJHI
... y lo que seguramente suceda,
http://www.youtube.com/results?search_query=jorge+drag%C3%B3n&aq=f