miércoles, 18 de agosto de 2010

CRIMEN FAMOSO (III)

El teniente Urbano, con la comprensible contrariedad -ocasionada por haberse visto obligado a dejar casi todo el cocido en el plato- y en el cumplimiento de su deber, se personó con dos números en el lugar de los hechos, a eso de las tres de la tarde. El calor de julio empeoraba la situación, pues era preceptivo aguardar a la llegada del juez para proceder al levantamiento del cadáver y, con estas temperaturas, ya se sabe. A todo esto, nadie de los presentes -aparte de él, los dos números y el paisano que halló el cadáver- podía decir quién era el muerto, aunque de cierto no se trataba de nadie del pueblo. Mientras sí y mientras no, don Urbano extrajo de un bolsillo de su guerrera cierta libretita y comenzó a tomar notas para el pertinente atestado. La tal libretita era negra, y tenía una goma de arriba abajo que, al tirar de ella, la abría o la cerraba a voluntad. Urbano era un auténtico malabarista en el manejo de esa goma, de manera que la libreta aparecía y desaparecía de sus manos como por arte de encantamiento. La libretita se completaba con un lapicero de plomo, también pequeño. En la libretita apuntó: " 6 /7/ 96 cadaver hallado zanja junto a camino de Membrillar lugar El Horcajo tres veinticinco decúbito prono cráneo fracturado salida masa encefálica". Luego apuntaría más cosas. Un momento después de tomar las referidas notas, paseándose por el camino a la espera de la llegada del juez -que no aparecería hasta las once de la noche, porque estaba en Badajoz-, vio las gafas.

DREAM TEAM TEAM

La Mascota Perfecta

jueves, 5 de agosto de 2010

ERROR

Al plan original no le pusieron nombre; sin embargo, al plan que tenían preparado por si algo fallaba se le llamó plan b. Por lo general, los atracadores no tiene prevista alternativa alguna más allá de este plan: se da carpetazo al asunto y otra vez será. Sin embargo, éstos eran unos auténticos profesionales y sí tenían un plan por si el plan b tampoco salía bien, llamado plan c, y contaban igualmente con un plan d, un plan e, f, g, h, i... El más prometedor de todos -después del original, desde luego- era el plan q.
A las 06:15, la furgoneta negro metalizado arrancó y se dirigieron al banco, pero el plan original no tuvo éxito. Con precisión militar, infatigablemente, fueron poniendo en práctica los planes alternativos a medida que fallaban los anteriores. En ningún momento se desorientaron ni perdieron la calma. Tres días más tarde, sin haber comido ni dormido en todo ese tiempo, él único miembro de la banda que todavía no había sido arrestado ni abatido, acorralado en una cabaña, ya sin municiones y sólo con un gato como rehén, comprendió el verdadero error que habían cometido desde el principio: cada uno de los planes era impecable en sí mismo, concebido con una lógica y una precisión fuera de duda, ejecutado con disciplina; pero un factor, un pequeño matiz, se les había pasado por alto: que, antes o después, se les acabaría el alfabeto.