martes, 1 de junio de 2010

EL DÉCIMO CÍRCULO

Incluído Dante y con una sola excepción, cuantos han escrito sobre las penas del Infierno han olvidado sistemáticamente, digámoslo así, refereirse al décimo círculo. Esa excepción a la que nos referimos fue el P. Javier María Zurriagoitia (S. J.), que en el quinto tomo de su monumental De re diabolica (Madrid, 1876) sí trata extensamente sobre este particular. Nos dice el Padre Zurriagoitia: "... y allí se encuentran, condenados a la eternidad de sus suplicios, aquéllos réprobos que, sin haber cometido propiamente pecados capitales ni corrientes, sí han incurrido en faltas contra la decencia, el buen sentido o la simple urbanidad, desviaciones que Nuestro Señor -aunque pudiera no parecerlo- tiene muy en cuenta en sus evaluaciones finales. Por ejemplo, y para que se me entienda, no están allí los avarientos ni los ladrones (que tienen su propio círculo y sus propios castigos), pero sí los tacaños, los cutres y los horteras; del mismo modo vimos en aquel lugar, cuando por allí pasamos, a infinidad de chivatos, chapuceros, lloricas, tontainas y bocazas".

Ejercicio práctico: piensa en cinco personajes famosos que estén destinados a ocupar este lugar e imagina a continuación suplicios eternos adecuados para ellos, por ejemplo:
CUTRES.- beber eternamente una caña templaducha, acompañada con una ración de tortilla fría y seca, en una mesa coja de Cruzcampo por la que se acaba de pasar el trapo.

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