domingo, 26 de diciembre de 2010

CRIMEN FAMOSO (VI)

La libreta que extrajo del bolsillo era, para su moderada sorpresa, igual a la suya. La abrió por su primera página y allí, siguiendo la rayas impresas destinadas a tal fin, estaba escrito el nombre y la dirección del propietario: Joao Bento Corvo de Sa, rúa Mestre Afonso 19, Alves. Como el resto de lo escrito en sus hojas, estas dos líneas estaban trazadas con letra pequeña, esmerada y precisa.
Unas horas antes, al caer de la tarde, cuando la nube de mirones anónimos se había ido disipando un tanto, empezaron a aparecer por la zanja, para ver el cadáver, los notables de Beltraneja. Cuando Urbano estuvo allí de vuelta, después de haber pasado por La Machacona y haber interrogasdo a la propietaria de la pensión, su marido y algunos inquilinos, se encontró con el médico y señora, que habían aprovechado su paseo del atardecer para acercarse hasta el lugar de los hechos. Se me había olvidado mencionarlo, pero don Espartaco Holguín, el médico, ya había estado allí un poco antes, a requerimiento del propio Urbano, para reconocer y redactar parte de la muerte del muerto y -lo adelanto por si me vuelvo a olvidar, ya que este personaje, no sé por qué, me cae mal- poco después, tras el levantamiento, recibiría el cuerpo en las dependencias municipales para practicarle la autopsia. El caso es que el médico estaba allí cuando Urbano estuvo de vuelta. Don Espartaco le preguntó por el curso de la investigación y Urbano le adelantó, un poco ingénuamente, que la única novedad había sido el hallazgo de las gafas de la víctima a pocos metros del cadáver. "¿Y quién le dice a usted que pertenecen a la víctima, hombre de Dios? ¡podrían pertenecer a cualquiera!", le espetó don Espartaco con suficiencia . El teniente Urbano, sin decir una palabra, miró a su alrededor. Caía la tarde furiosa sobre el secarral, donde el pálido camino de Membrillar, arrastrándose entre matojos y encinas, era el único rastro de la existencia humana; luego volvió a mirar al médico, como se mira a un imbécil incurable y, con una sonrisa venenosa, pero suave, le preguntó a don Espartaco: "¿A quién, por ejemplo?"

martes, 21 de diciembre de 2010

Epíritu IKEA (Vikingos)

Cito: "El 27 de septiembre de ese año se hizo a la mar desde la costa normanda, al amparo de la oscuridad. Sus barcos llevaban siete mil hombres, caballos, armas, provisiones e, incluso, una fortaleza de madera desmontada, que podía volverse a montar."

domingo, 5 de diciembre de 2010

POLLO A LA SHEKSPIR (HOMENAJE)

Si me ofenden ¿no sufro?, si me pinchan ¿no sangro?, si me asan ¿no me doro?

lunes, 15 de noviembre de 2010

CRIMEN FAMOSO (V)

El hallazgo de las gafas dio lugar, en la compleja mollera del teniente Urbano, a una serie de conexiones no lógicas, pero sí razonables. Unas gafas, una levita, una barbita. faltaba, pues, un elemento que debía encontrarse necesariamente en el bolsillo interior izquierdo. Los dos números se habían buscado una sombra, y desde ella miraban, sin demasiada curiosidad, al teniente. El cadáver no podía tocarse hasta que el juez ordenase su levantamiento, y ni siquiera de manera furtiva podía hurgarse en el tal bolsillo, porque se encontraba debajo del cuerpo; Urbano, de todas formas, no lo necesitaba ya: no tenía duda alguna sobre la identidad del muerto: era el portugués que le había robado el premio. "Robado" no era, desde luego, la palabra justa, pero sí la que el ofendido oficial, poeta y músico tenía en mente desde que, unas horas antes, había escuchado el nombre del ganador en la sala de plenos del ayuntamiento. El individuo con la cabeza abierta que estaba ahí abajo, en el fondo de la zanja, no podía ser otro que Joao Bento Corvo de Sa. ¿Quién no conocía, en el mundo de la charanga patriótica, a aquel pajarraco que no podía hacer más honor a su apellido? Pero no era momento para eso, sino para empezar a averiguar quién (o quiénes) y por qué lo había (o lo habían) dejado ahí con la cabeza machacada, aunque tal investigación no sea, en realidad, asunto suyo, sino del señor juez. Explicar los motivos por los que el teniente Urbano Matías Corbalán se mete siempre en este tipo de inquisiciones (como se metió, en su día, en el asesinato del melonero y en el caso del maestro de escuela que se encontró ahorcado) nos llevaría no adonde queremos llegar sino a otro sitio, que se señalará en su momento si se nos ofrece la ocasión (si no, no). Ahora, sigamos.
A las once de la noche, como se dijo más arriba, precedido del teniente Urbano, hizo su llegada al lugar de los hechos el juez, a quien acompañaba un personaje que resultó ser su sobrino. Hasta la hora dicha, los dos números habían custodiado el cadáver; Urbano -que, una vez tomadas las notas pertinentes, se volvió a Beltraneja para hacer averiguaciones por su cuenta-había dado orden a uno de ellos de que trajera una manta del cuartelillo, para cubrir decentemente el cuerpo hasta que fuera levantado, y así se hizo. Con todo, los números se pasaron todas aquellas horas de solajera espantando a los mirones porque, en cuanto se supo en el pueblo lo del muerto del camino de Membrillar, vinieron a montones. A culatazos no, porque lo trenían expresamente prohibido en estos casos, pero sí a empujones echaron para atrás a la gente que no era de respeto; a los que iban decentemente vestidos, les daban alguna somera explicación, y a los que mostraban alguna posición (leontina de plata, diente de oro, cuello almidonado incluso con tal calor, etcétera) accedían incluso, en algún caso, a levantarles la manta para que echaran un vistazo a los sesos del portugués, aclaraándoles antes que esto no deberíamos hacerlo, pero tratándose de usted, etcétera. Cuando, como hemos dicho, el juez y el sobrino se personaron, los números todavía tenían tarea con los que llegaban. Una vez aventada la gente, a la luz de un par de linternas de petróleo se procedió a la inspección ocular del lugar y el cadáver. Cuando pudo por fin voltearse el cuerpo y la levita se liberó de su peso, Urbano tuvo la oportunidad de meter la mano en el bolsillo interior izquierdo, del que sacó, efectivamente, lo que estaba buscando.

sábado, 30 de octubre de 2010

EL PRETENDIENTE VENIDO DE LEJANAS TIERRAS (y III)

Más ante la actitud despectiva que ante el acento, el Mayordomo Mayor queda desconcertado.

- ¿Y tú de dónde sales?

El hombre empapado que está sentado encima del arcón eleva ligeramente una ceja.

- ¿"Tú"? ¿Hadz dichio "tú", perrrro?

El Mayordomo Mayor no puede abrir ni cerrar la boca. El hombre empapado cierra los ojos, dando señal de cansancio, los abre de nuevo y clava la mirada en la del funcionario.

- Me liamo Fladimir Ulan Drajan de... fueno, a tí no te impiorta. Le impiorta al erei, a la ereina y a la pirindzedza.

El funcionario, pidiéndole mil perdones por la confusión, ordena dar la noticia de la llegada de un nuevo pretendiente para la princesa. Cómo iba él a suponer. Como estaba en la cola de los bufones...

- ¿Bufiones? ¿Iran bufiones idzos? Pendzé que iran cavalieros.

- ¿Caballeros, señor, esos?

- Dzí, los cabalieros dze fertat dzon adzí.

En este reino, el protocolo estipula que todo pretendiente real tenga audiencia con su prometida en presencia de la corte en pleno, de manera que la chusma palaciega (cortesanos y familia, pajes, meninas, servicio, guardias y demás) esté presente, junto al rey, la reina y la princesa, en la recepción. Juntarlos a todos en el salón del trono lleva muchas carreras, agobios y sudores, y no poco tiempo. Por fin, todos ocupan sus puestos a ambos lados de la larga alfombra que lleva al estrado, donde la princesa aguardaba (flanqueada por sus papás) al hombre ya seco que avanzaba por ella, seguido de dos criados cargando con el arcón. El hombre camina decididamente, cubierto aún por la misma ropa gastada que llevaba en el patio. Su paso y su porte no hubieran sido otros de ir armado de todas sus armas y cubierto por una armadura de acero milanés. La princesa, que ya estaba hecha a semejante calaña de farsantes, lo mira divertida.

- ¿Venís de muy lejos, señor?

- Para mí nata edz lekhodz, altedza.

- ¿Vuestra lengua es...?

- No dzé cómo dze liama, altedza, o cómo la liaman lodz demátz.

- Parece húngaro, sí. O polaco.

- Pueno. Como kusteis, altedza.

- Bien, no importa. ¿Qué me traéis?

- Lo que pedítz.

- ¿La cabeza de un dragón?

- Iusto. Dzí, altedza.

- ¿De qué clase de dragón?

- No dzé. ¿Hai cladzedzs de trakones, altedza?

- Muchas. Abrid el arcón y saldremos de dudas.

La princesa está resignada. Dentro de un momento, se verá obligada a usar de su mordacidad para despedir al pobre impostor, que deberá retirarse, con el rabo entre piernas, ante la sorda irrisión de la corte, las miradas de desprecio de las doncellas y el abucheo de los pajes. En el fondo, le dan pena. El pretendiente responde a su petición levantando una mano, en señal de solicitar permiso.

- ¿Por qué no lo afrís fos misma, altedza?

Y, sin aguardar respuesta, indica a los criados que suban las tres escaleras del estrado cargando con el pesado arcón. Ante el estupor de la princesa por tanta desfachatez, lo hacen y se lo ponen a los pies.

- ¡Qué hacéis, señor? ¡Es costumbre de vuestro país?

- ¿Il qué, altedza? ¿poner arcones con cabedzas de trakón a los pies de prindzedzas? No. Es costiumbre mía.

Entre el público cortesano hay una corriente de ironía soterrada, un murmullo de satisfacción. No es habitual ver a la princesa perdiendo la color. Perdiendo la compostura.

- ¿Lo... lo habéis hecho muchas veces, señor?

- Dzí. Muchídzimas. ¿Lo abrís, altedza?

La princesa duda un momento. Suspira. Prefiere no mirar alrededor.

- Está bien. Mandad a los criados que levanten la tapa.

- Noooó nononó, altedza, lodz criatodz no. Fos, piersonalmiente.

- ¿Yo?

- Es para Fos.

La reina no puede ya con su inquietud, y hasta el rey ha rebullido en su trono, saliendo de su modorra, para ver qué pasa. Por fin, la princesa se decide y alarga hacia la tapa su blanca mano, corre el pasador y la levanta. En ese instante, unas escamas verdes, unos ojos voraces, unas fauces abiertas se abalanzan sobre ella y la obligan a dar un grito, a saltar para atrás, a caer de culo ante la unánime carcajada de los allí reunidos, incluyendo a sus desalmados padres. La reina llora de risa; el rey se revuelca por el suelo, sin poder contenerse; la duquesa de Briec y casi la totalidad de las doncellas se están meando. Algunas dejan charquito. La princesa tarda unos segundos en darse cuenta de que está allí, caída de espaldas, mirando cómo se bambolea, en el extremo de un resorte, esa cabeza hecha de madera y cuero pintado. El rey, cuando consigue parar de reir, ponerse de pie y recuperar algo la compostura regia, se limpia las últimas lágrimas y se dirige al Mayordomo Mayor, señalando al hombre del arcón.

- Echa a los del patio. ¡El puesto es suyo!

viernes, 15 de octubre de 2010

EL PRETENDIENTE VENIDO DE LEJANAS TIERRAS (II)

La princesa ya está harta, francamente, de que intenten darle gato por liebre. Desde luego, lo de la cabeza del dragón fue una excusa para quitarse a su madre de encima, pero la reina se lo tomó en serio y mandó hacer una proclama (con envío de mensajeros a los reinos circundantes, inclusive) anunciando la apertura de la convocatoria. Semejante noticia se extendió como reguero de pólvora entre los interesados, que en ningún caso eran príncipes herederos, sino los hermanos de éstos. Nos explicaremos.

En cada casa real, los primogénitos tienen asegurado el futuro, más o menos: heredarán el reino; sin embargo, para los segundones el porvenir resulta mucho más incierto. En cuanto pueden, sus padres se los quitan de encima endilgándoselos a algún familiar, al arrimo del cual los chicos aprenden el oficio y suelen acabar armados caballeros. Hecho esto, el familiar los pone de patitas en la calle, a que se busquen la vida. Ellos van de acá para allá, sin tener donde caerse muertos y haciendo los bolos que les van saliendo (torneos, guerras y así) hasta conseguir -con suerte- la mano de alguna rica heredera que los retire. Los pocos afortunados que alcancen esta bicoca vivirán de las rentas por siempre jamás.

A raíz de la llamada de la reina, pues, a la princesa le llovieron los buscavidas de sangre azul desde los cuatro puntos cardinales. Esgrimían toda clase de burdas falsificaciones, intentando hacerlas pasar por trofeos de lepidonte flamígero: cabezas de cocodrilo, cráneos de elefante, mandíbulas de tiburón o retales de toda clase de bichos cosidos entre sí del modo más grosero. Incluso hubo uno que se presentó con un oso disecado. Hasta la reina ha dicho basta, y está por cambiar de plan ya que -piensa ella- tener a un imbécil como yerno, a la larga, es malo para el negocio. Así están las cosas esta tarde cuando sucede lo que sigue.

Termina el verano. Las nubes color acero y el aire quieto llevan rato anunciando el chaparrón, que cae de repente sobre los desgraciados aspirantes a bufón hacinados en el patio de armas. Corren a refugiarse donde pueden: junto a los muros, bajo los aleros, debajo de los carros. Todos huyen, excepto él. Una figura espigada se empapa en el centro del patio, imperturbablemente sentado sobre la tapa de un arcón, bajo el aguacero. El agua azota con rabia, encharcando el suelo de tierra y sólo él la desafía, ensopado. Cuando deja de llover, mientras las gotas pingan desde las tejas, los otros bufones se le aproximan. No pestañea siquiera. En ese momento, el Mayordomo Mayor sale por una puerta y pregunta quién es el siguiente. "Io lo dzoi", contesta el del cofre levantando la voz. Sin expresión, sin mirar a nadie, sin levantarse.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

EL PRETENDIENTE VENIDO DE LEJANAS TIERRAS (I)

El bufón ha muerto. Ya estaba viejo y sordo, no valía para nada y contaba siempre los mismos chistes. Nadie le ha echado de menos, excepto el rey, que también está viejo y medio sordo. Ha dado orden de que se pregone por todo el reino que la plaza de bufón del rey está vacante y, al sustancioso olor de las ganancia (el viejo payaso estiró la pata siendo muy rico), forman una larga fila en el patio de armas los que pretenden el puesto. Llevan haciéndolo seis días con sus noches. Duermen ahí. La cola está compuesta por indiviuos trajeados de manera abigarrada, estridente; a menudo se insultan y se pelean, alguna vez brillan cuchillos y ha corrido la sangre un par de noches, pero normalmente no pasan de gritan obscenidades y contar sucedidos y chismes cortesanos, igualmente libidinosos. Los pajes y las doncellas, a pesar de estarles prohibido por la etiqueta, se acercan a ellos para escucharlos. Los guardias hacen la vista gorda.
Fuera de Palacio, por todo el reino, hay guerra y peste. Se ha dado orden de subir el puente, trancar el portón y bajar el rastrillo. Nadie puede ya entrar ni salir. Los aspirantes del patio son los únicos que serán atendidos, escuchados y seleccionados por el Mayordomo Mayor, funcionario que decidirá quién entre ellos, etcétera.
Por otra parte, y esto desde hace años, la princesa y única heredera del reino sigue por casar. Aunque el arroz se le está pasando (tiene ya diecinueve años) persevera en su negativa: ninguno de los que hasta aquí han llegado para pedir su mano le ha parecido ni siquiera medio bien, prefiere sus libros y su huerto. Acorralada por su agobiante madre (al rey todo le da igual a estas alturas) ha puesto como conditio sine qua non que quien la pida en matrimonio debe haber matado un dragón y traer en prueba su cabeza. Pero no puede tratarse de un dragón de charca o de rastrojo, de esos que cualquier gañan puede dejar seco de un palo, y menos todavía uno de esos de granja: ha de ser necesariamente un ejemplar de lepidonte flamígero, capaz de comerse crudo a un caballo con su caballero. Aclaremos que sólo ella, y algún especialista más, saben que los lepidontes no existen, que son una leyenda que sólo cree el vulgo ignorante y los lectores de novelas de caballerías de la peor estofa. No hay peligro, pues.

viernes, 17 de septiembre de 2010

DILATACIÓN

Supongamos que Adelita se fuera con otro. Yo no digo que se vaya a ir con otro, ni que se tenga que ir, y mucho menos que albergue intenciones o motivos para ello, pero nada nos cuesta suponerlo, de manera que supongámoslo. Si tal cosa llegara a tener lugar, lo cual puede suceder, yo la seguiría. Ahora bien, Adelita sólo tendría dos maneras de irse: o por tierra, o por mar, así de simple. Puesto que, como acabo de decir, la seguiría, necesariamente no, pero sí para mayor comodidad mía, en el caso de que lo hiciera por tierra, emplearía el tren, y no uno cualquiera, sino un tren militar, como en el famoso corrido y, en el caso de que su partida se verificase por mar, usaría el buque de guerra, para seguir imitando al citado aire mejicano. Otro cantar sería que a Adelita se le metiera en la cabeza ser mi esposa. No estoy diciendo, ojo, "si no le importase" o "si tuviera a bien". No, repito: si se le metiera en la cabeza. Y no digamos nada si ya fuera mi mujer. En tal caso me vería en la triste tesitura de rascarme vigorosamente el bolsillo y comprarle (vuelve Méjico lindo) un vestido de seda para llevarla no al cuartel, pero sí conmigo a la oficina, para mostrársela a mi jefe y que vea con qué hembras me rozo (y él no) a pesar de mi sueldo. Todo esto haría yo por ella en los casos expresados. Pero confío en que tal no suceda. ¿Verdad que no, Adelita? ¿Adelita? ¡Adelita, por Dios te lo ruego!

miércoles, 18 de agosto de 2010

CRIMEN FAMOSO (III)

El teniente Urbano, con la comprensible contrariedad -ocasionada por haberse visto obligado a dejar casi todo el cocido en el plato- y en el cumplimiento de su deber, se personó con dos números en el lugar de los hechos, a eso de las tres de la tarde. El calor de julio empeoraba la situación, pues era preceptivo aguardar a la llegada del juez para proceder al levantamiento del cadáver y, con estas temperaturas, ya se sabe. A todo esto, nadie de los presentes -aparte de él, los dos números y el paisano que halló el cadáver- podía decir quién era el muerto, aunque de cierto no se trataba de nadie del pueblo. Mientras sí y mientras no, don Urbano extrajo de un bolsillo de su guerrera cierta libretita y comenzó a tomar notas para el pertinente atestado. La tal libretita era negra, y tenía una goma de arriba abajo que, al tirar de ella, la abría o la cerraba a voluntad. Urbano era un auténtico malabarista en el manejo de esa goma, de manera que la libreta aparecía y desaparecía de sus manos como por arte de encantamiento. La libretita se completaba con un lapicero de plomo, también pequeño. En la libretita apuntó: " 6 /7/ 96 cadaver hallado zanja junto a camino de Membrillar lugar El Horcajo tres veinticinco decúbito prono cráneo fracturado salida masa encefálica". Luego apuntaría más cosas. Un momento después de tomar las referidas notas, paseándose por el camino a la espera de la llegada del juez -que no aparecería hasta las once de la noche, porque estaba en Badajoz-, vio las gafas.

DREAM TEAM TEAM

La Mascota Perfecta

jueves, 5 de agosto de 2010

ERROR

Al plan original no le pusieron nombre; sin embargo, al plan que tenían preparado por si algo fallaba se le llamó plan b. Por lo general, los atracadores no tiene prevista alternativa alguna más allá de este plan: se da carpetazo al asunto y otra vez será. Sin embargo, éstos eran unos auténticos profesionales y sí tenían un plan por si el plan b tampoco salía bien, llamado plan c, y contaban igualmente con un plan d, un plan e, f, g, h, i... El más prometedor de todos -después del original, desde luego- era el plan q.
A las 06:15, la furgoneta negro metalizado arrancó y se dirigieron al banco, pero el plan original no tuvo éxito. Con precisión militar, infatigablemente, fueron poniendo en práctica los planes alternativos a medida que fallaban los anteriores. En ningún momento se desorientaron ni perdieron la calma. Tres días más tarde, sin haber comido ni dormido en todo ese tiempo, él único miembro de la banda que todavía no había sido arrestado ni abatido, acorralado en una cabaña, ya sin municiones y sólo con un gato como rehén, comprendió el verdadero error que habían cometido desde el principio: cada uno de los planes era impecable en sí mismo, concebido con una lógica y una precisión fuera de duda, ejecutado con disciplina; pero un factor, un pequeño matiz, se les había pasado por alto: que, antes o después, se les acabaría el alfabeto.

martes, 27 de julio de 2010

El Prudente Ulises

27 de agosto.- Los setenta y dos días de trincheras que llevamos en este secarral (con sus 673 muertos, 1234 heridos y 312 enfermos de disentería) se explican por el hecho de que, hace cinco meses, una firma inglesa vendió al gobierno una partida de fusiles Máuser a raíz de los buenos oficios de la embajada británica, que convenció a nuestro Rey de que invadiese el territorio fronterizo donde nos encontramos. El fruto de la carnicería detallada más arriba puede expresarse en libras esterlinas y francos suízos, que se encuentran depositados en diversas entidades bancarias de Londres y Berna a excepción de cierta suma, invertida en una línea de ferrocarril que en el futuro, tal vez, unirá Tesalónica con Atenas. La inmensa mayoría de los que han muerto, se están muriendo o van a morir aquí son analfabetos. Como Héctor, como Aquiles, como los soldados de Alejandro. Como los troyanos de las trincheras de enfrente.

jueves, 22 de julio de 2010

Civilización

"- ¿Y Grecia?
- Grecia es un equipo que está ahí."

lunes, 19 de julio de 2010

La Mano Que Tira La Piedra

No me llamo Juan Sendino. No estoy sentado en un banco de granito. No hace un sol tranquilo, ni se oye lejos una feria. No pasa una gaviota. Mi sombra no se está alargando, porque no cae la tarde. No miro una reja verde, ni un camino de tierra que baja al otro lado. No veo un limonero. El cielo no se enciende. No hay nubes muy altas, ni pálidas como cabelleras de canas. Por último, yo no he escrito esto.

lunes, 5 de julio de 2010

SALIDA URGENTE

HIDALGO ENLOQUECIDO LECTURA LIBROS CABALLERÍA FÚGASE. STOP. HIDALGO NOMBRADO CABALLERO. STOP. DESVENTURAS CRECIENTES APALEAMIENTO HIDALGO. STOP. LIBROS HIDALGO QUEMADOS POR FAMILIARES Y AMIGOS.

CRIMEN FAMOSO (II)

El año al que ya he aludido se presentó en el pueblo, el día antes de concederse el premio, un individuo extraño. Iba siempre con elegante bastón, fumaba sin parar y no se comunicaba con nadie. Era portugués. Tenía un caminar elástico y ligero, pero tenso, como si sus gafas tirasen de él. Se alojaba en la casa de la Machacona, en una esquina de la plaza. Se le vió salir de la fonda al caer de la tarde, caminando en dirección al campo, solo, fumando. El día del premio, que se iba a conceder en el salón de juntas del Ayuntamiento, el secretario del tribunal anunció a la concurrencia, al comienzo del acto, que, por fin, ese año había ganador. A continuación abrió el sobre y, con el poema y partitura intitulados "Hierro"- dijo- había ganado el premio al concurso de obras originales e inéditas, convocado para dotar a Beltraneja de un himno propio, el poeta y compositor que, con la plica de "Alem" tenía por nombre Joao Bento Corvo de Sa. Todos esperaban ver ponerse en pie al portugués y abrirse paso hacia el pasillo para acudir a recoger el sustancioso galardón, pero no sucedió así, porque no se encontraba en el acto. A mediodía, un hombre subido en un mulo llegó, al trote, hasta el cuartelillo y, minutos después, el cabo se personó en la zanja donde yacía el portugués. Tenía, al parecer, la cabeza abierta como un melón.

domingo, 4 de julio de 2010

EXPRESIONES PERSEGUIBLES

- UN CIELO PLOMIZO
- CENDALES DE NIEBLA
-VISIÓN CALEIDOSCÓPICA
- SE ESTREMECIÓ TODA ELLA
- EL MAR, COMO UN ESPEJO

lunes, 21 de junio de 2010

ET IN ARCADIA, EGO

Los pies descalzos oscilan a dos palmos del suelo marrón. La muerte de las hojas, que da ese color al lecho del bosque, las ennegrece. Están húmedas y podridas. Fermentan. Olor a setas. Helechos. Líquenes. Troncos. Los pies endurecidos, los tobillos secos, el vello sobresalen de las perneras de pana remendada. Los pies se mecen, el izquierdo conserva un espasmo. El bosque sombrío. Cruza un pájaro silencioso, elude al hombre. La oscuridad llegará pronto aquí. En el valle se alargan las sombras, lentas como bueyes. Sus pies largos van y vienen. Van. Vienen. Van. Vienen. Las manos de bronce pesan. En lo profundo, el martilleo del pájaro carpintero. Subió hasta el regato por el camino, luego pasó el rumor del agua, saltó unas cercas y cruzó el prado en cuesta. Unos pasos más y ya los primeros troncos. Buscó, entre las ramas, la que más le convenía. Del prado llega el graznar de las dos cornejas, que descienden al verde oscuro y se pasean. Una se detiene, pica entre las hierbas. La tarde se oscurece. El hombre encontró la que buscaba y se quitó las abarcas sin prisa. Que sirvan para otro. Los pies descalzos levitan sobre las hojas. En el otro extremo del hombre comienza la soga.

lunes, 7 de junio de 2010

TAMAÑO INFORTUNIO (Historia galante)

Amor mío. No, mejor: Querido mío. Tampoco. Mi querido. Sí, así, sin poner su nombre. Esta vez lo entenderá. Si no lo entiende ahora, es tonto de remate. ¡Ay! ¡ten cuidado, palurda! Esta bestia acabará por arrancarme los pelos; ya se debe de llevar la mitad en el cepillo. A ver: dos puntos, aparte. No puedo esperar más: él lo sabe o, si no lo sabe, muy pronto lo sabrá, porque no puedo seguir disimulándoselo. Ahora está en la Corte, como de costumbre. No creas que porque no sé leer no sé lo que te traes entre manos, puta. Ven pronto a por mí, te lo imploro de rodillas. Le estás mandando otra carta al de este verano, que te saldrá rana, lo mismo que el del verano pasado y el del anterior y el del otro. ¡Ay! ¡Ni pasar un cepillo sabes, puerca! ¡Vete! Descuida, que te dejo sola. Bueno, voy a hacer con que te arreglo la cama. Necesito mirarme de nuevo en tus miradas, reconocerme en tus versos encendidos, sentirme por fin en tus prometidos brazos. Acude. Qué más le pongo. Yo creo que con esto bastará para que espabile. ¿Pero sigues aquí todavía, Tomasa? ¿No te dije que me dejaras? ¡Vete ahora mismo! Descuida, zorra, que te dejo en el guindo. Pero verás cuando veas que a ése le pasa lo que a los otros: ni tu marido la tiene tan pequeña.

martes, 1 de junio de 2010

EL DÉCIMO CÍRCULO

Incluído Dante y con una sola excepción, cuantos han escrito sobre las penas del Infierno han olvidado sistemáticamente, digámoslo así, refereirse al décimo círculo. Esa excepción a la que nos referimos fue el P. Javier María Zurriagoitia (S. J.), que en el quinto tomo de su monumental De re diabolica (Madrid, 1876) sí trata extensamente sobre este particular. Nos dice el Padre Zurriagoitia: "... y allí se encuentran, condenados a la eternidad de sus suplicios, aquéllos réprobos que, sin haber cometido propiamente pecados capitales ni corrientes, sí han incurrido en faltas contra la decencia, el buen sentido o la simple urbanidad, desviaciones que Nuestro Señor -aunque pudiera no parecerlo- tiene muy en cuenta en sus evaluaciones finales. Por ejemplo, y para que se me entienda, no están allí los avarientos ni los ladrones (que tienen su propio círculo y sus propios castigos), pero sí los tacaños, los cutres y los horteras; del mismo modo vimos en aquel lugar, cuando por allí pasamos, a infinidad de chivatos, chapuceros, lloricas, tontainas y bocazas".

Ejercicio práctico: piensa en cinco personajes famosos que estén destinados a ocupar este lugar e imagina a continuación suplicios eternos adecuados para ellos, por ejemplo:
CUTRES.- beber eternamente una caña templaducha, acompañada con una ración de tortilla fría y seca, en una mesa coja de Cruzcampo por la que se acaba de pasar el trapo.

domingo, 2 de mayo de 2010

miércoles, 14 de abril de 2010

HOJA DE YERBA



¡Oh capitán, mi capitán!

Walt..... ¡Disney!

domingo, 11 de abril de 2010

SÓLO PARA PADRES IMPLICADOS


DORA EXPLOTADORA

La Biografía no Autorizada

(con las declaraciones de Botas)

jueves, 8 de abril de 2010

martes, 30 de marzo de 2010

¿POR QUÉ NO?

Un mal escritor puede dejar de serlo, uno mediocre no.

jueves, 25 de marzo de 2010

Góngora en la estación Florida

FINGIDO ROBADOR DE EUROPA ARRESTADO EN EL METRO

miércoles, 24 de marzo de 2010

¿QUÉ ES POESÍA?

Se dice que fue entre esos troncos donde el poeta se encontró con ella por última vez. Entre la eme y la e han pintado una i. Desde entonces han pasado casi ciento cincuenta años, y el paraje ha cambiado mucho. Entre la e y la de han pintado una erre. Fue lugar de paseos, escenario de verbenas y testigo de nocturnos desahogos. Han tachado la segunda palabra: una preposición "de". En 1937 vio escenas viles, feas, miserables. La última palabra la han dejado intacta. Ahora es el vergonzoso refugio del botellón, y todos los sábados por la mañana aparece sembrada de botellas vacías, vasos de plástico, bolsas del súper y también, entre las hierbas, condones usados -algunos de colores, ahora se lleva el fucsia. A la derecha del camino, pasado el puente, sigue - oxidado ya- el presumido cartel de chapa con el nombre del paraje, a cuyas letras relamidas se le han pegado otras. Así leemos: Alamierda Bécquer.

viernes, 19 de marzo de 2010

ALBUM

Y mira, éste soy yo antes de volverme loco.

lunes, 15 de marzo de 2010

CRIMEN FAMOSO (I)

Hasta ese año, el concurso para el Himno siempre quedaba desierto. A pesar de la numerosa concurrencia de poetas locales y forasteros (que no solían venir en pos de efímera gloria, sino de numerario para comer caliente una temporada), a la Junta Municipal no le habían teminado nunca de convencer las obras presentadas, aunque hubo frutos de almas sensibles procedente de Cáceres, del lejano Toledo e incluso de la misma capital. La única composición que llegó a conmover a los miembros de la Junta fue aquella titulada "Heroica cuna de Conquistadores ", con letra y música de don Urbano Matías Corbalán, teniente de la Benemérita y convecino. Allí, en la "Heroica", se comparaba al pueblo con el general Polavieja, que aquel año ceñía laureles por distinguidas acciones militares en Cuba, si bien no se acababa de comprender el porqué de la metáfora, toda vez que no había relación alguna entre sus términos. Pero ese año que digo sí hubo ganador.

Beltraneja está en la raya con Portugal, frente por frente de Alves con el Guadiana por medio, y era entonces un poblachón más que mediano, con sus casas ricas, su quiosco de la música y sus tres iglesias -una de ellas, con un retablo antiguo de mucho mérito, al decir de los que saben-. Beltraneja había sido lugar de nacimiento, más de tres siglos atrás, de gentes que se hicieron sitio al lado de Cortés. En la plaza se levanto, en el año del Centenario, un discutido y costoso monumento conmemorativo, que al principio iba a ser erigido por suscripción popular pero luego, ante la ausencia de aportaciones significativas, se materializó gracias a la munificencia del prócer para unos, cacique para otros, don Aparicio Obregón, quien, además, propuso la idea del Himno.

sábado, 13 de marzo de 2010

¿EXISTE LA MADRUGADA?

Para Pusi
¿Qué sería un afterschopenhauers?

jueves, 4 de marzo de 2010

PARTE DE UN CHISTE

... y le dice el jaguar: ja guar yu?

martes, 23 de febrero de 2010

EL BLANCO DÍA

Qué pasa si te despiertas lentamente en la penumbra. Qué pasa si ya puedes distinguir la única ventana, alta y pequeña, cuadriculada por las rejas. Qué pasa si sabes dónde estás y por qué estás ahí. Qué pasa si tu condena es asistir así, tumbado e inmóvil, a un amanecer que durará toda la eternidad.

sábado, 13 de febrero de 2010

EL SENDERO DE LOS JARDINES QUE

Doy un paso y otro y otro y otro. Ni idea de adónde voy. El viento juega con el atardecer. Hasta que se levantó la ráfaga, los papeles caídos o tirados por la calle sólo eran papeles caídos o tirados por la calle que afeaban el mundo; ahora tienen vida propia y se levantan, giran, se cruzan, a veces chocan y luego vuelven a separarse, porque el viento tampoco sabe lo que quiere y da vueltas, hace remolinos y lo mezcla todo un final feliz para los secuestrados academia de yoga cursos de el corte inglés nada hacía esperar el triunfo del candidato republicano en esta guía michelín con un pase magistral que valió a nuestra selección el lola estudiante todo es mío acepto tarjeta 609 332 87 una sólida idea de familia el corte ingés oferta pollo corral muebles valentín santos a medida presupuesto sin el corte inglés y todo esto, sin yo sabrelo, ocurre a mi alrededor, lo mismo que crece la hierba y las paredes envejecen y el hombre con el que acabo de cruzarme calza el número cuarenta y cuatro y el óxido de esa verja la destruye, la deforma, la roe, la atenaza, la derrota sin prisa y sin piedad desde hace cincuenta y siete años. Y sin embargo, hay quien consigue darle sentido.

sábado, 6 de febrero de 2010

TELÓN

Han llegado tantos que han tenido que cortar el tráfico. Desde aquí no sé decir si sus caras son de emoción o de entusiasmo. Están a punto de aplaudirme. Detrás de mí oigo los pasos del hombre con buenas intenciones. De un momento a otro se asomará y me hablará con serenidad. Va a pedirme que no haga lo que esperan de mí. No. Amigo mío. No puedo defraudarlos. ¿Que qué qué? Sin ellos no estaría donde estoy ahora. Nunca antes tuve tanto público. Mire. ¿Cómo dice? ¿Siempre es así? No es posible. No. No digo que me esté usted mintiendo. Es que yo creía que apaludirían al final. Entonces no me tiro.

domingo, 31 de enero de 2010

DUERME EL LEÓN

Antes que morir como un perro, prefiero vivir como un león.

jueves, 21 de enero de 2010

CRUEL DESENLACE

A mí sólo me faltaba presentar la solicitud en el Registro, pero era el último día de plazo, de manera que corrí, tomé dos metros y llegué al Negociado Universal a hora muy temprana. Allí me enfrenté a la ventanilla del caso. No había cola, me permití asomarme, carraspeé y di los buenos días. Me enconté con la ofendida mirada de la funcionaria, que cerró de golpe el grueso volumen al que después aludiré.
- ¿Qué desea!
- Sólo es entregar este documento.
- Ya, pero este tipo de impresos sólo pueden entregarse los viernes de fin de mes si es año bisiesto y si es normal como éste además debe ir acompañado de una póliza de cinco pesetas y un tentetieso con motivos florales que cante el Caralsol.
- ¿C-cómo dice?
- ¿Quiere usted que se lo repìta?
No. Yo no quería una repetición, desde luego, y cualquier llamada al sentido común estaba, evidentemente, fuera de lugar: frente a mí tenía al Estado, y sabido es que el Estado jamás atiende a razones, de manera que mi estrategia fue otra. Un momento antes, cuando asomé la nariz en la ventanilla, la pantera sonámbula tuvo el tiempo justo de hurtar a mi vista el grueso volumen que mencioné al principio; no era otro que -me saltó a la vista- una vetusta edición de Ana Karenina: la había obligado a interrumpir su lectura hacia la mitad de la obra. ¡Ah, Ana, Ana, apasionada e infeliz heroína de un libro gordo!, ¿cómo no identificarse con su exótica desdicha?, ¿cómo no indignarse ante el importuno majadero que te rompe el hilo de tu lectura justo cuando llega la confesión de...? En fin. Sonreí a la vengativa pantera con estudiada, vil, maléfica, , cruel, supurante amabilidad mientras con un dedo, muy lentamente, hacía avanzar hacia sus narices el sobredicho documento.
- Dé curso a este papel y prometo no decirle cómo termina la novela.

domingo, 17 de enero de 2010

BRUTALIDAD MASCULINA

Me la ha preñao. Que tú déjala a su aire, que metida en casa es peor, que va a acabar siendo una neurótica; y luego ha pasao lo que tenía que pasar. Y ahora, encima, no hay manera de averiguar quién ha sido el padre. Yo le dije a ésta que lo mejor hacerle un aborto, pero ésta que ni hablar, que cómo se me ocurría, que iban a nacer me ponga como me ponga, y no hay más que hablar. Porque ésa es otra, que no va a ser uno solo, que si fuera uno, todavía. Pues del barrio ha tenido que ser, digo el hijoputa del padre, pero del barrio no sé yo de ninguno que haya podido preñar a una chihuahua.

Nota: la brutalidad masculina es un pozo sin fondo. Si quieres tomar lo de arriba como un chiste, tú mismo, pero que sepas que no lo es.

sábado, 9 de enero de 2010