sábado, 5 de diciembre de 2009

EL OCRE Y EL NEGRO

A partir de su viaje a Roma (1925), su paleta se simplifica hasta casi el monocromatismo: solamente dos colores, combinados en una asombrosa -y en ocasiones abiertamente provocadora- gama de matices, llenan sus trabajos: Teofila in profilo (Galleria Da Romano), Rue de Dijon (TACNA, Lyon) o Rain, rain, rain (Chicago, colección particular) son tres ejemplos de este giro puede decirse que copernicano de nuestro artista, que pasa de un cromatismo festivamente burgués, despreocupado y mundano (amarillos fauves, rojos amables y blancos nítidos) a una obra casi tenebrosa, acerada, llena de furia, donde dónde me habrán metido la caja, mira que se lo dije al de la estación, esto colóquemelo usted con cuidado, que no es un queso manchego, que si se pierde se compra otro y ya está, por Dios, póngamelo a buen recaudo que es delicado y vale dinero, pues nada; los pinceles están aquí, sí, pero y los colóres dónde, dónde, dónde me habrán puesto la caja de los colores, la madre que los parió; menos mal que siempre llevo un tubo en el bolsillo. Hombre, si llevo dos. Y esta carta no la he abierto todavía.