miércoles, 7 de octubre de 2009

UNA IMAGEN DEL PARAÍSO

Esto es un hombre que se despierta, se levanta de la cama y todo eso. Cuando entra en la cocina, medio dormido, lo segundo que hace es mirar el calendario de pared: 25 de octubre; el día anterior, 24, está tachado en rojo y se encuentra en la columna de los martes, pero el día de hoy no se encuentra en ninguna columna: aparece como montado entre la de los martes y la de los miércoles. El hombre no comprende y escudriña con atención, para explicárselo. No puede ser. Pero el tiempo está pasando, el minuto perdido le va a hacer que pierda el metro y ya van tres veces este mes que llega tarde. Y sin embargo, así es: ni martes, ni miércoles. Marca el número de información, angustiado.
- ¿Digamé? ¿en qué pod...
- ¿Que día de la semana es hoy?
Una voz no ya fría, escalofriante, le contesta.
-Hoy no es ningún día de la semana.
No se atreve a mirar por la ventana, pero es lo cierto que no llega ningún ruido de la calle. Tal vez está soñando; enciende la radio y, como para asegurarle que se equivoca, un locutor aclara:
- Son las ocho y media, las siete y media en Canarias, de este veinticinco de octubre, que no coincide con ningún día de la semana.
Eso no lo convence, sin embargo: también puede estar soñándolo. Se para a pensar un largo rato. Ya no siente ninguna angustia. Sonríe. Toma un sorbo de café y nota que empieza a estar frío. Lentamente, se prepara otro. Acaba de darse cuenta: tanto si está soñando como si no, en sueños o de verdad, qué importa, tiene el día entero para él. El día o, tal vez, la Eternidad.

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