domingo, 22 de marzo de 2009

TODAS LAS LENGUAS DE LOS ÁNGELES (Y IV)

IV
1821
25 de noviembre
anotaciones en el diario del estudiante T.
... al salir del edificio de los Juzgados me está esperando el hombre que acudió unas horas antes a mí, cuando el moribundo expiraba, para preguntarme si había dicho algo. Como he anotado más arriba, le comuniqué las palabras exactas que me había dirigido antes de morir. Este hombre, pues, se me acerca y me sonríe con cierta superioridad, pero no me siento insultado; acto seguido, me ruega que lo acompañe y entramos en un café muy distinguido, de esos que un estudiante como yo no puede soñar en permitirse. El hombre se encuentra mucho más calmado que esta tarde y, una vez se ha alejado el camarero, empieza a hablarme con afabilidad, casi de manera familiar. Es evidente que trata de hacerme olvidar su inicial nerviosismo y corregir su, digamos, paternal desdén de unos minutos antes. Es dueño, me dice, de una librería (por su manera de vestir debe de ser un buen negocio) y me invita a acudir a ella mañana por la mañana. Le explico que, precisamente, mañana por la mañana tengo un examen importante y, después de tomar un último sorbo de café, aproxima su rostro al mío y me dice lo siguiente: "no importa, esto es mucho más importante para usted, amigo mío¨; de todos modos, mis posibilidades de aprobar el examen son sencilllamente nulas, de manera que acudiré. El tipo me parece un pobre chiflado, pero tengo curiosidad por saber en qué acaba todo este embrollo. Mañana no tendré que madrugar.
1824
25 de noviembre
carta del estudiante T. a un amigo
... y por fin esta mañana lo he terminado. Esta es la razón de que no te haya escrito en todo este tiempo, y difícilmente podrás perdonarme mi desatención si no te lo cuento con detalle; pienso que esta carta no será suficiente para hacerlo y me gustaría encontrarme contigo, pero he de confesarte que mis bolsillos están vacíos desde hace mucho tiempo; mi padre, como te he dicho, dejó de enviarme dinero y, aunque el librero me ha dado un empleo en su tienda, lo que gano apenas me permite pagarme el jergón y la manteca. Te ruego, por nuestra amistad, que me hagas llegar el metal necesario para viajar hasta tu casa de verano. Te aseguro que lo que voy a contarte es muy importante para los dos. En otro orden de cosas, aunque no tanto, anoche vi salir del teatro, acompañando a sus padres, a tu prima Graüben; sé que alguien como yo no puede aspirar a aproximarse a una criatura así, pero también sé que tú siempre la odiaste y sigues odiando a tu tío y padre suyo. He pensado que nos haríamos un favor mutuo si me hicieses el honor de presentarnos. Yo sería un exiliado ¿digamos polaco? Siempre es romántico. O ruso, también hablo el ruso bastante bien.
1941
1 de septiembre
Sí, he vivido para serviros y Os estoy dando lo que me pedísteis; no necesito seguir viviendo. No, nononononno. Estos cerdos sólo quieren su tajada y su tajada van a tener; pero soy injusto, me han servido bien, Os han servido bien, aunque sin saberlo. Creen que hacen negocios y es bueno que lo crean, se morirán creyéndolo y lo gracioso es que los recibiréis en Vuestra Gloria como a hijos pródigos. Brindan. Fuman sus puros y levantan sus copas. Ahora apenas recuerdo aquella tarde, hace mucho más de un siglo, en que empecé a trabajar para Vosotros (yo tampoco lo sabía entonces). Leer todo aquello ha sido lo más vertiginoso que me ha ocurrido en mi vida, más incluso que conoceros y que todo lo que vino después; a veces pensé que el día de hoy no iba a llegar, pero ha llegado, sí. Nuestra especie ha hecho todo su camino con el único objeto de llegar a este momento. Pronto hablaremos todas vuestras lenguas. Hoy empieza el mañana.
Los puros se encienden ostentosamente, como signos de victoria. El salón de fumar reune hoy a algunos de los espíritus más selectos de Europa; ninguno de ellos tiene la menor relación con las ciencias, ni las artes, ni la filosofía ni nada por el estilo, su oficio es otro y no hace a este caso, además. Un camarero único y solemne se pasea entre las barrigas ofreciendo su bandeja, para abastecer el secreto brindis de estos hombres, que ven por fin recompensados sus desvelos. Hay muchos otros salones como éste en otros países donde, en estos momentos, hombres como éstos sostienen sus copas por el mismo motivo que los aquí reunidos. Han sido décadas de esfuerzos y riesgos vertiginosos, de errores y de retrasos, pero el momento ha llegado: la radio lo anunció triunfalmente hace unas horas: El Ejército del Reich ha entrado en Polonia, como estaba previsto y, a partir ahora, una detrás de otra, las Potencias irán siguiendo el laberinto que se ha construído para ellas: se declararán la guerra unas a otras de acuerdo con los pactos, acuerdos, protocolos, convenios y demás ataduras de la maraña, y la maquinaria de los ejércitos se pondrá en marcha. Nada va a fallar, nunca ha fallado. El conde de T., en un rincón, observa el entusiasmo. Es un hombre largamente centenario, se diría que inmortal, pero morirá esta misma tarde. Apenas mueve los labios.

No hay comentarios: