domingo, 12 de octubre de 2008

EL FRÍO

Abres la puerta de tu cocina con la sensación -que no te alarma- de que algo voluminoso acaba de atravesarla reptando. Esa sensación permanece cuando pulsas el interruptor y examinas esa habitación impecable, como diseñada en el futuro. Estás en pijama y sientes el frío de las baldosas en los pies desnudos. Todavía no has tomado tu café negro y, hasta que no lo hagas, no dejarás de estar dormido. Decides que lo lo que has sentido es un jirón de la pesadilla de anoche, la misma de todas las noches desde entonces: algo ancestral y maligno se arrastra lentamente hacia tí. Atraviesas la cocina y te preparas el café; la gloria de su aroma te despierta por fin.
Estás de pié y, a través del amplio ventanal, observas el amanecer en un cielo muy suavemente rosado. Das los pasos necesarios para llegar a la puerta acristalada, la abres y caminas sobre el césped húmedo de rocío. Los pájaros chillan y alborotan en las copas de los arces y aspiras el aire espléndido con los ojos cerrados: es el primer día del verano. Tomas otro sorbo de café. Está frío. Cuando atravesaste la cocina no te fijaste en algo que había en el suelo, pequeño y transparente. Si te hubieses fijado, tal vez pudieras salvarte una vez más, pero lo dejaste a tu espalda, entusiasmado por el amanecer. De verdad me gustaría que eso pequeño y transparente fuese de pescado, pero no lo es. Me gustaría porque, de algún modo, puede decirse que te has ganado lo que tienes, te has ganado el derecho a olvidar y seguir con tu vida: aquellos años pasaron y tú sobreviviste, a diferencia de todos los demás; es cierto que tuviste que sacrificarlos pero, qué podrías tú haber hecho por ellos. Desgraciadamente no es de pescado, pero sí es una escama. Y es mía.
después de leer a Lovecraft

No hay comentarios: