sábado, 20 de septiembre de 2008

SUBE EL LOBO

Anda inquieto el ganado ronda el lobo ayer mismo al Roque el de la Jesusa le hicieron una buena escabechina veinte ovejas le mataron por lo menos y los dos perros y a él lo que él decía ni sé como me libré si no salgo corriendo no lo cuento la madre que los parió decía yo no estaba pero me lo contaron mucho se están moviendo las ovejas y los perros ventean algo han olido con este cierzo el lobo baja a ver por allá se oye el coche cuando llegue a la curva se notarán los faros ya está ahora viene para el puente ahí abajo entra al puente se para en mitad del puente abren las puertas salen lo sacan casi no llora ahora el tiro ya está se meten otra vez arrancan y ahí lo dejan siguen para acá igual llevan más desgraciados dentro quién sería el que han dejado en el puente del pueblo no era por la voz malos tiempos andan ayer de mañana venía yo y me encontré con don Nicolás el farmacéutico bueno es un decir lo encontré que lo reconocí por el chaleco verde que llevaba siempre la cara la tenía reventada del tiro se conoce estaba despatarrado contra una cerca que con la calor las putas moscas le zumbaban que parecía una verbena el pobre hombre que nunca se había metido en políticas ni en nada y mira luego y lo de padre que ya va para un mes que se lo llevaron y no da aparecido ni aparecerá lo más seguro que quién le mandaría por una tierra miserable que no daba nada meterse en pleitos y encima ganarlos que no hay cosa peor que luego pasa lo que pasa que con la gente de posibles no hay manera y lo que dijo luego madre eso le pasa por soberbio y por no tener temor de Dios que Dios lo haya perdonado hay que joderse ahora sí que se levantaron los perros pero ladran al lobo no se le ladra así por el ruido se conoce que sube gente.

jueves, 18 de septiembre de 2008

DIÓGENES

Yo que milité gloriosamente entre los soldados de Alejandro y alcancé con ellos las márgenes del Indo, que he recorrido imperios fabulosos y conocido murallas que nunca se terminan, que he sido médico de tantos mandatarios y opulentos, que he conversado largamente con filósofos, que formulé al mismísimo Aristóteles, a la vista del desatado mar, una pregunta que no acertó a responderme; yo que leí papiros -copiados solamente para mí- procedentes de Atenas y de Alejandría, que amé con triunfo a lujosas, insaciables cortesanas y junto a ellas dormí entre costosos linos, me veo ahora abandonado por todos cuantos me halagaban, me veo sin patria, sin hogar, sin lecho, sin monedas, sin futuro en medio de esta noche gélida y abyecta, acosado por la ferocidad de luces crudas, de sombras violentas, de ruidos monótonos y duros, importunado por guardias sin alma, atrapado entre una fauna nocturna de alimañas: extraviados, rateros, borrachos, proxenetas, prostitutas, travestidos y muy malvados personajes. Nadie se me aproxima salvo, a veces, imbéciles adolescentes para burlarse, para escupirme, para patearme hasta que se aburren. Apesto yo y apesto al mundo con mis propias heces y mis orines; ya ni soy sensible a esta miseria y lo peor es que tengo una certeza: voy a caer más bajo todavía. Todo lo perdí, ya no importa cómo. Me limito a contemplar, sin esperanza ni tristeza, este mundo que me ignora. También, a veces, me levanto a rebuscar entre las basuras; cuanto encuentro de valioso lo conservo junto a mí, en este carro de supermercado.