jueves, 10 de julio de 2008

DE IDEAS Y NOVELAS

Desde que escribo, recuerdo haber escuchado frases como "mira, voy a regalarte esta idea para una novela". Las palabras cambian, pero no el empeño: para escribir una novela, o cualquier otra ficción, lo que importa es tener una buena idea. Nunca acerté a responder con la mejor frase que conozco para estos casos: "la poesía no se hace con ideas, se hace con palabras". Entiendo por poesía cualquier serie de palabras escritas para construir algo nuevo.

Recuerdo una noche de frío mesetario, en el fondo de un bar. Poca luz. Altas horas. Conmigo bebía alguien y entre los dos habíamos acumulado, sobre el mármol de la mesa, unas diez o doce servilletas de papel de la casa y en ellas, malamente garrapateadas, diez o doce ideas brillantes para diez o doce asombrosas novelas. Éramos jóvenes pero, sobre todo, éramos indocumentados y seguramente felices. El caso es que al final, cuando amanecía y el dueño estaba echando el cierre, nos jugamos las servilletas a los chinos,ya en la calle. Los papeluchos que gané estuvieron estorbándome por bolsillos, mesas y cajones durante meses; recuerdo que no los releí jamás. El tiempo, mi desorden incurable y la actividad despiadada de la lavadora se aliaron, sin embargo, para hacer que desaparecieran. Afortunadamente.

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